Ocurrió hace meses. Agradecido al recopilador (por propia voluntad no identificado) que ha recuperado este POST de sus archivos particulares.
Llamada intempestiva a casa. Viernes. Cinco de la tarde. Sofá. Sopor postnutritivo. En el teléfono sale “Privado”. No hay duda, es de un call center. Diálogo. O casi:
Simpática operadora: “¿Capeto… Veloso… Carlos?”
Humilde servidor: “Lo lamento, señorita, no hablo su idioma. ¿Habla español?”
Simpática: “Eeer… pregunto por Carlos Capeto Veloso”
Humilde: “Ahora lo he entendido. ¿Qué quería?”
Simpática: “¿Se encuentra?”
Humilde: “Normalmente no me busco, así que no suelo encontrarme. ¿Quién es?”
Simpática: “Caja Madrid Raquel”
Humilde: “Ya, y ¿Qué quería, señorita Caja?”
Simpática: “Pero, ¿No es capeto?”
Humilde: “No, soy cordobés. ¿Quiere usted algo en concreto? Me temo que esta conversación no tiene mucho sentido”
Simpática: “Capeto Veloso Carlos. ¿No vive ahí?”
Humilde: “No, aquí vivo yo. No hay capetos, ni carolingios, ni merovingios… ni suevos, ni vándalos ni alanos. Solamente estoy yo”
Simpática: “Es que yo preguntaba por Carlos Capeto Veloso”
Humilde: “Eso ya lo tengo claro. Mire, señorita, no quiero parecer maleducado, pero insisto en que esta conversación no lleva a ninguna parte. Teniendo en cuenta que no hay capetos en las inmediaciones, ¿Podríamos dejarlo aquí? De verdad que ha sido un placer”
Simpática: “Piip, piip, piip, piip” (evidentemente ha desistido)
Veinte segundos después, suena nuevamente el teléfono. En la pantallita sale “Privado”. No hay duda, es de un call center. No descuelgo. Capeto no vive aquí.
Me gusta:
Sé el primero en decir que te gusta esta post.