Los políticos nos imponen el carnet por puntos, cosa que está bien. Mejor que otras imposiciones que propician y no practican, como la moderación salarial. Las conductas relacionadas con el ladrillo no las cito por ser práctica excepcional y no general. Solamente un tres por ciento, según cuentan los que saben.
Digo yo que podían aplicarse el cuento y crear un sistema de política por puntos igual que el del permiso de conducir. A cada político se le asignan los doce puntos al principio, y por cada tontería que diga se le resta uno. Cuando no le queden puntos tiene que estar callado un año y hacer trabajos sociales para recuperar el derecho a la palabra.
En algunos casos, el simple hecho de estar callado se considerará trabajo social. Y de los buenos.


