
Buena parte de la vida diaria de cada supérfluo occidental depende [crecientemente] de que un número indeterminado de ordenadores (computadoras, gashego, computadoras) funcione correctamente. Todos, tecnólogos, tecnófobos, tecnotorpes y tecnomaniacos necesitamos un montón de informática en los alrededores. Y, cuanto más dependientes somos, más acusada es la sensación de que todos esos chismes tienen, cuando menos, una fiabilidad limitada.
Las razones de la escasez de fiabilidad no siempre son imputables al cociente intelectual de sus diseñadores. Las leyes de la naturaleza se aplican a las máquinas informáticas igual que a cualquier otro cuerpo sólido. Resistir el impacto de una viga de hormigón, la explosión de una bombona de gas o los efectos de una inundación son contingencias que difícilmente soportará ente físico alguno.
Protegerse contra eventualidades de éste tipo o contra otras de diversas naturalezas es extremadamente caro. Imagine lo que supondría duplicar todos los elementos de un automóvil. Dos volantes por si acaso uno se rompe. Dos pedales de freno. Y dos sistemas de frenada independientes, cuyos circuitos discurren por lugares diferentes del chasis, para que nada pueda romper ambos al mismo tiempo. Y así hasta la paranoia.
Aunque se asuma el gasto brutal que supone duplicarlo todo, no será posible garantizar la ausencia total de riesgo de accidente. Nadie garantiza al cien por cien que dos elementos gemelos van a tener el hermoso detalle de no fallar al mismo tiempo. Es una posibilidad lejana, pero no mucho más que acertar con la combinación ganadora de la Lotto. Y recuerde que, a veces, la vida de alguien cambia felizmente gracias a una carambola de la suerte. Para la desgracia también se aplica la estadística.
Algunas veces tener un plan de acción para el caso de fallo es tan importante como la replicación de la ferretería. Las cosas son menos terribles si:
- Ninguna de las personas involucradas desconoce que se ha producido el problema.
- Se conoce en todo momento el impacto del fallo ocurrido.
- Está claro el procedimiento para sustituir el elemento dañado o restablecer de algún modo el servicio.
- Existen alternativas que permiten seguir adelante sin depender de lo que está inoperante.
Por otra parte, muchas veces no es tecnología todo lo que reluce. Los sistemas informáticos de una compañía pueden estar en perfecto estado, pero inaccesibles por una inundación, un incendio o un gas tóxico. Se necesita un entorno físico alternativo en el que se pueda desarrollar el servicio en las mismas condiciones existentes en el original. Un verdadero lío que tuve la ocasión de sufrir en mis carnes cuando ocurrió el incendio de la Torre Windsor de Madrid.
Como alternativa… haga un pequeño examen de su actividad diaria y renuncie mentalmente a obtener dinero en el cajero automático, llenar el depósito de combustible, comprar su abono de transportes con tarjeta de crédito, pagar en un restaurante, o subirse en un ascensor. Si, si, dentro hay un pequeño sistema que maneja el alegre movimiento de sube y baja. Y deje de usar su teléfono móvil, y su teléfono fijo, y su conexión a la Internet.
Y, finalmente, deje de leer mi blog. Que para lo que aparece en él, no vale la pena molestarse.


