Ocurrió en Salamanca a últimos del mes de mayo. No voy a repetir lo que glosa con gracia y acierto mi querido Pau, vayan a leerlo a su casa, que no solo es tal. Se trata del discurso final del Profesor D. Guillermo González Talaván. Merece la pena leer su contenido completo.
Yo me quedo con lo que me afecta personalmente de un modo brutal. Él no lo sabe, pero ha golpeado con todo lo gordo en los sucesos más importantes de mi actualidad:
4. No seáis severos al juzgar. Y, en todo caso, no juzguéis actos, sino intenciones. Nunca juzguéis a una persona antes de andar con sus mocasines durante tres lunas. Dad y amad. Tardaréis en recibir, pero recibiréis. Los buenos platos, los de toda la vida, se cuecen a fuego lento.
Ya lo tenía bastante claro antes de leer sus palabras, pero esto ha hecho que centre mi tiro en las cuestiones fundamentales. Sin prisa pero con determinación. Sin juzgar porque para errores los míos, no soy yo quién para pedir cuentas a nadie. Y con todo el amor del mundo si lo quieres, pero en caso negativo no tienes que temer al acoso. Multiplicado por cero a la menor contrariedad.


