Primero coincidimos en el espacio. Cercanía.
Los dos teníamos ganas de lo mismo y saltó la chispa por culpa de tu encanto irresistible. Porque solo pude resistirme por un tiempo. Un mes de agosto casi entero que, a toro pasado, me echabas en cara cordialmente. Ese momento tórrido en que me diste a probar un sorbo de tu tierra milenaria.
Los dos teníamos cuentas pendientes. Con el pasado y con el presente. Porque en alguien depositaste tu vida entera, y él a cambio te trató con crueldad. El hombre más estúpido de la creación, a mi juicio. Yo venía, a la sazón, con la inercia de mi pretérito. Esa manía de moldear el mundo a mi antojo. Exitosa a veces, dañina casi siempre.
Ahora empezamos a coincidir en el momento. Distancia.
En tu voz y en la expresión de tu rostro puedo percibir el cambio. Tal vez también intuyas algo parecido en mi forma de estar. Y en la de ser. Ya no intento cambiarte, ni cambiarles. Ahora estoy más centrado en cambiar. Aquello que fallaba en mi carácter y en mis actos. La precipitación, la irreflexión, el punto de sarcasmo involuntario, la maldita manía de imponer mi visión del mundo, por mucho que parezca la correcta.
Ahora sé que eres tú, sin duda alguna. Se va acercando el tiempo. Se ha diluido el odio que encogía tu corazón. El paso del tiempo, que no cura pero aparta las malas experiencias. También yo tomé mis decisiones, sufrí mis consecuencias, me empeñé en rehacer la vida, en reinventarme. Buscaré la ocasión de poner en sintonía personas, lugares y relojes.
Si nuestro tiempo ha llegado, será mejor que no nos encuentre separados. Coincidencia.

Tambíen es como un tango. Los pies van, viene, se entrelazan, y al final se encuentran.
Qué bonito… pero no será fácil. Lo habitual es que cada par de pies siga su camino. Ojalá que sea como dices
Sigo adorando cómo escribes. Esa gracilidad acariciando las teclas para deleitarnos con pequeñas pero profundas palabras.
Hacía mucho que no dejaba mi pequeña huella por aquí, y me ha parecido que ya era hora de hacerlo, de admirarte y también, envidiarte. Envidiarte por ser capaz de decir tanto en pocas líneas, por esa forma de expresarte y de hacer que cada post te haga reflexionar sobre muchas cosas.
Un millón de besos, de vainilla por supuesto
Mil besos también para ti. Ya sabes cuánto te quiero y lo contento que estoy por saber que estás tan tan feliz. Saluda al culpable.
Celebremos la coincidencia, cuando se produce. Me gustó mucho como lo dijiste!
Un beso
Muchas gracias, Ana. Lo dije tal y como lo siento. Sin conservantes ni colorantes.