La más guapa de ellas se ha sentado entre dos de sus compañeros en la mesa de la recepción. Los viejos tubos de rayos catódicos ocupan casi todo el espacio disponible, de modo que su periódico oculta parte de los teclados. A pesar de ello increpa a uno de sus vecinos:
¡Me incordias!
Enfatizo repitiendo su última palabra. “In-Cordias”, afirmo. Acabas de decirle que ocupa un lugar dentro de tu corazón. Seguramente, con esto pego una fuerte patada al latín, pero consigo el efecto deseado. Ella me mira con una mezcla de sorpresa y estupor. Él recorre despacio con la mirada el interior de la blusa de su circunstancial compañera de mesa.
Frases y miradas del juego de la seducción.

como que ella quiso decir otra cosa, pero es más esperanzador entenderlo así