
Es fácil caer en la tentación. Yo mismo lo hice en algún momento de mi vida pretérita. Te cuentan que el funcionario trabaja poco o nada, que no se le puede echar a la calle y que vive como un Buda barrigón cómodamente sentado. Ya tienes formada la leyenda negra.
Hoy, con mucha más información obtenida de primera mano, puedo escribir con fundamento que hay una buena porción de mito en ese sentimiento generalizado contra el funcionario. Hay vagos en todas partes, públicas y privadas. Hay intocables adentro y afuera en la misma medida. Pero de ahí a concentrar la vagancia y la seguridad laboral en el colectivo público media un abismo.
El problema que sí tiene la administración pública es de gestión. Un lugar dominado por políticos (que ponen su mira en obtener el máximo rendimiento en cuatro años o menos) no es, seguramente, fácil de manejar.
Mito #1. El funcionario es un vago
¿Para qué sirve un funcionario? En esencia, para garantizar el cumplimiento de la Ley en la materia de su competencia. Esto incomoda al eventual que, salvo honrosas excepciones, busca la manera de conseguir como sea sus objetivos de corto plazo, lícitos o no tanto. Cosa que podría hacer modificando las leyes, a costa de poner sus métodos e intenciones al alcance de la luz y los taquígrafos.
Y el que hizo la Ley hizo la trampa. Rodeándose de asesores, fundaciones y empresas públicas o participadas, el político intenta (y muchas veces consigue) doblegar la voluntad del funcionario profesional. Éste queda desprovisto de función y se desmotiva. ¿Quién trabaja al día siguiente en esas condiciones?
Se citan casos de funcionarios pringados desde el poder político para engrasar sus voluntades a la hora de conseguir esos objetivos de corto plazo. Pero esto solamente refuerza mi visión. En una función pública independiente y autónoma no hay otra marca distinta de la Ley. Lo vimos en el Reino Unido con los intentos de moldear la información de la BBC. Con independencia no hay intromisión.
Mito #2. Al funcionario no se le puede echar
¿Cómo se expulsa a un funcionario maligno? Vía acumulación de expedientes. De una manera bastante parecida a la de la empresa privada. Volvemos al problema de gestión. Quien tiene marcados unos objetivos claros, transparentes y proporcionados no puede poner excusas. Pero se requiere continuidad y ausencia de intromisión.
Mito #3. Bajar los sueldos es imposible
Seguro que no hace falta dar vueltas a este asunto. Si escribo hace unos años ese titular, me da la razón todo el que me lea. Toda nuestra sociedad necesita un golpe de timón para que pierda importancia la presencia física en favor del cumplimiento de objetivos. Se reacciona a los horarios absurdos e interminables con pasillo y café en ausencia de jefe o chivato. Y a los sueldos ridículos con productividades enanas. Y los moscosos y los puentes tampoco ayudan. En pocas palabras, menos horas y mejor aprovechadas nos favorecerían a todos.
Como siempre, se admiten correcciones, sugerencias e invitaciones. O pago yo, no piensen que me mueve la pasión por el vil metal.
EXTRA BALL: Como premio a la participación, regalo el politono del funcionario (tan tronchante como tópico) a quien comente dejando su email de contacto.
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