Reykjavik

Una mañana fría en pleno invierno. Fue que la fiesta se había terminado. Póngase el timador a buen recaudo. Arrójese la llave de la celda al cauce casi helado. Reciban los trileros justo (más implacable) trato.

Nada pasó. Marcharon los ricachos con rabo entre las piernas en busca de mares más propicios. Aguas más que revueltas para turbios negocios.

Siguió la vida su tranquilo curso. Y volvieron los más a vivir de su trabajo.

Qué tiene el Sur para impedir el triunfo del sentido común. Qué nos obliga a permanecer esclavos. Qué quedará después de que el último avariento se haya llevado el último centavo.

Por qué no hacer igual que el cálido vecino, el que trabaja y vive allá en el norte helado.

[Foto e interesante paseo por Reykjavik aquí]

Codicia

Llama la atención cada rebaja, la que viene a acompañar al recorte anterior. A su lado, sorprendente, todo el dinero es poco para salvaguardar el beneficio del rico. No digo que sea malo obtener el interés de la inversión. Pero si el precio que se paga por el rédito es este desempleo galopante, ni a los propios ricos imagino deseándolo.

Solo los descerebrados [que anhelan la vuelta a la esclavitud y al derecho de pernada] pueden creer que es sano este extremo de inestabilidad y desesperación. Igual que, en el otro extremo, los vagos redomados aprovechan las vacas gordas [para vivir sin dar ni martillazo a clavo] abusando del empleador.

Minorías que representan los extremos. En el centro de la campana, la gente pobre pero honrada que quiere trabajar para ganarse la vida. Y la gente rica pero honrada que no tiene inconveniente en aportar un diezmo de sus pingües beneficios con tal de aliviar el problema del paro.

Políticos que interpretan de oído la partitura de los mercados sin pararse a leer el libreto. Porque en él está escrito que hasta nuestros parientes lejanos de Oriente perderán su estatus de semiesclavos si dejamos de comprar los teléfonos ¿inteligentes? que producen.

Vano será todo el esfuerzo que sus amos hicieron para deslocalizar la industria en busca del máximo beneficio, los salarios ridículos y las condiciones laborales infrahumanas.

En la ruina, señor Presidente, no hay consumo. Con los litros que gastan unos cientos de Ferraris no ingresará lo necesario para mantener las pompas y circunstancias del aparato del Estado. Para llenar las arcas necesita usted esos millones de vehículos de gama media que atascan las carreteras y envenenan el planeta camino de ninguna parte.

Porque somos pobres, pero somos muchos.

Encrucijadas

Se atribuye comúnmente a Umberto Eco -sin que este humilde trovador pueda confirmar o desmentir tal extremo- la cita apocalíptica sobre el desarrollo, los chinos y el papel higiénico:

El día en que todos los chinos usen papel higiénico se acabará el mundo, porque no hay suficientes árboles en el planeta como para fabricar todos los rollos necesarios”

Con el permiso de ustedes me dispongo a alcanzar la celebridad con mi propia cita:

El día en que todos los informáticos se echen novia se acabará el mundo, porque todas las noches que estamos dilapidando en estos sistemas absurdos se las vamos a dedicar a nuestras enamoradas” 

Tristemente, si el fin del mundo tiene que llegar por la vía de los informáticos dejando en el abandono sus cacharros… entonces tenemos planeta para rato. Es más fácil que me ocurra lo de la fama universal.

[Actualización: Duramente censurado por una cosa y la contraria, me decanto por la cita en masculino ex-clu-si-va-men-te por motivos estéticos. Considérese, como dicta la RAE, igualmente válida aplicada al género femenino. "El día en que todas las informáticas se echen...". Disculpas por lo uno y por lo otro...]

Mitos y leyendas de la función pública

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Es fácil caer en la tentación. Yo mismo lo hice en algún momento de mi vida pretérita. Te cuentan que el funcionario trabaja poco o nada, que no se le puede echar a la calle y que vive como un Buda barrigón cómodamente sentado. Ya tienes formada la leyenda negra.

Hoy, con mucha más información obtenida de primera mano, puedo escribir con fundamento que hay una buena porción de mito en ese sentimiento generalizado contra el funcionario. Hay vagos en todas partes, públicas y privadas. Hay intocables adentro y afuera en la misma medida. Pero de ahí a concentrar la vagancia y la seguridad laboral en el colectivo público media un abismo. 

El problema que sí tiene la administración pública es de gestión. Un lugar dominado por políticos (que ponen su mira en obtener el máximo rendimiento en cuatro años o menos) no es, seguramente, fácil de manejar. 

 

Mito #1. El funcionario es un vago

¿Para qué sirve un funcionario? En esencia, para garantizar el cumplimiento de la Ley en la materia de su competencia. Esto incomoda al eventual que, salvo honrosas excepciones, busca la manera de conseguir como sea sus objetivos de corto plazo, lícitos o no tanto. Cosa que podría hacer modificando las leyes, a costa de poner sus métodos e intenciones al alcance de la luz y los taquígrafos.

Y el que hizo la Ley hizo la trampa. Rodeándose de asesores, fundaciones y empresas públicas o participadas, el político intenta (y muchas veces consigue) doblegar la voluntad del funcionario profesional. Éste queda desprovisto de función y se desmotiva. ¿Quién trabaja al día siguiente en esas condiciones?

Se citan casos de funcionarios pringados desde el poder político para engrasar sus voluntades a la hora de conseguir esos objetivos de corto plazo. Pero esto solamente refuerza mi visión. En una función pública independiente y autónoma no hay otra marca distinta de la Ley. Lo vimos en el Reino Unido con los intentos de moldear la información de la BBC. Con independencia no hay intromisión.

 

Mito #2. Al funcionario no se le puede echar

¿Cómo se expulsa a un funcionario maligno? Vía acumulación de expedientes. De una manera bastante parecida a la de la empresa privada. Volvemos al problema de gestión. Quien tiene marcados unos objetivos claros, transparentes y proporcionados no puede poner excusas. Pero se requiere continuidad y ausencia de intromisión.

 

Mito #3. Bajar los sueldos es imposible

Seguro que no hace falta dar vueltas a este asunto. Si escribo hace unos años ese titular, me da la razón todo el que me lea. Toda nuestra sociedad necesita un golpe de timón para que pierda importancia la presencia física en favor del cumplimiento de objetivos. Se reacciona a los horarios absurdos e interminables con pasillo y café en ausencia de jefe o chivato. Y a los sueldos ridículos con productividades enanas. Y los moscosos y los puentes tampoco ayudan. En pocas palabras, menos horas y mejor aprovechadas nos favorecerían a todos. 

 

Como siempre, se admiten correcciones, sugerencias e invitaciones. O pago yo, no piensen que me mueve la pasión por el vil metal.

EXTRA BALL: Como premio a la participación, regalo el politono del funcionario (tan tronchante como tópico) a quien comente dejando su email de contacto.

Ahorro

Poquito de reflexión para poner en claro todo lo que rodea a la tan solicitada austeridad en el sector público.

Antecedentes:

  • Sea la cosa pública, si vale mi criterio, austera en grado sumo.
  • Sean los funcionarios quienes ejerzan la administración de nuestros bienes, y no los asesores puestos a dedo y a capricho.
  • Ciérrese cualquier sociedad pública que haya sido creada al efecto de colocar parientes o allegados.
  • Funcione la administración con eficiencia, sin la estéril multiplicación de organismos que ha empañado la transición.

Dicho lo cual, obsérvese que:

  • La reducción de altos cargos es, en mucha medida, demagógica. Quitar un puesto de director general no ahorra tanto como parece. El “quitado” es funcionario y sigue cobrando. Un poco menos, pero cobra. Y deja de desempeñar su función.
  • Pensar que un “alto cargo menos es un coche oficial menos” tampoco responde a la realidad. En general son vehículos de renting. No va a desaparecer la obligación de pago por arte de magia.
  • Tampoco es fácil eliminar las decenas de miles de teléfonos móviles que las autonomías han entregado a sus funcionarios. Por razones de decencia torera sería preceptivo limitar su uso para que no se convierta en abuso.

Y a medida que vayan venciendo los contratos, que se acabe la fiesta. Mientras llega ese momento, que el uso de automóviles, teléfonos y demás prebendas se reduzca al mínimo para no incurrir en costes de mantenimiento.

El que quiera iphones, tablets o laptops, que se los pague de su bolsillo como hacemos los ciudadanos corrientes.

Actimel y los escrúpulos del poderoso

Cada vez miro más al exterior para informarme, a la vista de lo fácil que resulta a los poderosos españoles anestesiar la verdad con un puñado de billetes. He aquí un ejemplo procedente de Argentina:

ACTIMEL provee al organismo una bacteria llamada L.CASEI. Esta sustancia es generada normalmente por el 98% de los organismos, pero cuando se le suministra externamente por un tiempo prolongado, el cuerpo deja de elaborarla y paulatinamente ‘olvida’ que debe hacerlo y cómo hacerlo, sobre todo en personas menores de 14 años.

En realidad, surgió como un medicamento para esas pocas personas que no lo elaboraban, pero ese universo era tan pequeño que el medicamento resultó no rentable; para hacerlo rentable se vendió su patente a empresas alimenticias.

La Secretaría de Salud obligó a ACTIMEL (La Serenísima) a indicar en su publicidad que el producto no debe consumirse por un tiempo prolongado; y cumplieron, pero en una forma tan sutil que ningún consumidor lo percibe (p. ej. ‘desafío actimel: consúmalo durante 14 días’ o ‘haga de agosto su actimel’). Si una madre decide completar la dieta con ACTIMEL, no percibe ningún aviso sobre su inconveniencia y no ve que puede estar haciendo un daño importante a futuro a causa de las manipulaciones publicitarias para impulsar los negocios.

Esto es cierto. Si no lo creen, busquen el siguiente PROYECTO DE LEY del diputado nacional RAUL PATRICIO SOLANAS (PJ – Entre Ríos) en la página de la Cámara de Diputados de la Nación http://www.diputados.gov.ar

PROYECTO DE LEY

Iniciado: Diputados Expediente: 1405-D-2007
Publicado en: Trámite Parlamentario nº 27 Fecha: 11/04/2007

BACTERIA ‘L CASEI DEFENSIS’: OBLIGATORIEDAD DE INCLUIR UNA LEYENDA EN PRODUCTOS ALIMENTICIOS DE CONSUMO HUMANO, ADVIRTIENDO SUS CONTRAINDICACIONES.

He comprobado que el expediente de la Honorable Cámara de Diputados de la Nación Argentina es real: http://www3.hcdn.gov.ar/folio-cgi-bin/om_isapi.dll?clientID=205887158&advquery=1405-D-07&infobase=proy99.nfo&record={64DA}&softpage=Doc_Frame_Pg42&x=0&y=0&zz=

No estaría de más una explicación del fabricante, o una de esos altos cargos de Sanidad que viven la vida loca a costa de los impuestos que pagamos. Ambas, acompañadas de la retirada del producto.

Vía La Matrix Holográfica

El viajero y la baronesa

 

 

 

 

 

 

 

 

El gañán salió de aquella entrevista de trabajo a cero grados. No sentía ni frío ni calor. Pero aquel puesto le permitiría salir del pozo sin fondo en el que se había convertido su vida. O no. Porque la principal pesadilla de su existencia era la soledad al volante. También le preocupaba el precio del combustible, aunque todavía no era para tanto. Recorría unos trescientos kilómetros al día y podía pagarlo. Impensable si hubiera ocurrido hoy.

Los acontecimientos se sucedieron a toda velocidad y llegó la oferta en firme. Aquel empresario sabía mucho de la vida, incluso se había visto en situación parecida a la del pobre impresentable unos años antes. Además de remunerar con generosidad el puesto, incluyó un automóvil de renting y una tarjeta para repostar gasóleo a cargo de la empresa. Penosamente, aquello sólo sirvió para prolongar la agonía.

La señora baronesa, a la sazón circunstancial esposa del gañán, amortizó rápidamente la mejora a beneficio de inventario y elevó su nivel de gasto. Vivir en una capital de provincias otorga una magnífica calidad de vida, pero exige ciertos sacrificios. No se puede repetir vestimenta, ni siquiera de marca, bajo ningún concepto. Hay que frecuentar los lugares más selectos. Es preciso adquirir acciones del country club. Faltaría más.

Ese pobre viajero seguía dejándose la vida en la carretera. Con mejor automóvil, pero en solitario. Cuando por fin invertía sus últimas fuerzas en el periplo de vuelta al hogar de provincias, ella desplegaba su completa colección de reproches. Al principio intentaba satisfacerla. Poco después se cubrió de indiferencia. Al final explotó.

“No soy tu chófer, tu mayordomo, tu asistente personal o tu mensajero. Tampoco soy banquero. Esta abundancia momentánea se truncará si sigo llegando machacado al trabajo tras el gran atasco de entrada en la ciudad. Tu rancio abolengo firma cheques que pronto serán rechazados por falta de fondos. Tu negativa a vivir en la vulgar metrópolis dará con mis huesos en la cuneta de cualquier carretera. Acabemos con esto. Ten piedad de mi”

Ella se buscó otro. Mucho más gañan si cabe, pero solícito en la mayordomía, la asistencia y la chapuza. Y resuelto a hacer cualquier cosa para seguir viviendo en aquel lugar provinciano. Él se mudó a la capital por un tiempo. Poco después su sino de viajero le llevó lejos, en busca del pasado o del futuro. Quién sabe.