El genio

Genio

Esta es la historia de una pareja que jugaba al golf en un entorno privilegiado, rodeados de mansiones de lujo. En el tercer hoyo, el marido dijo a su esposa:

Ten cuidado de no tirar a las ventanas, puedes romper un cristal y no quiero pensar lo que nos puede costar arreglarlo.

Ella, para no llevar la contraria a su código genético, lanza una bola directamente contra el mayor de los ventanales de la mayor de las mansiones. Con gran estruendo, se arruina la ventana y los cristales quedan esparcidos por el inmenso salón.

Él se lleva las manos a la cabeza, lamentándose del incidente y temiendo las consecuencias del error de cálculo. Ella, sin perder la compostura, propone ir a la mansión a disculparse.

Al entrar en la casa, además de los pedazos de vidrio del ventanal observan los pedazos de una botella vacía. Un individuo que está sentado en un sillón, no lejos de los cascotes de botella, pregunta:

¿Ustedes son los que rompieron la ventana?

El marido responde con timidez. Reconoce el incidente e insiste en pagar el daño.

De ningún modo… soy un genio que ha estado en el interior de esta botella durante milenios. Su pelotazo me ha liberado. Dispongo de tres deseos: uno para cada uno de ustedes, y el tercero me lo reservo para mi.

Incrédulo, el marido solicita su deseo:

Quiero un millón de dólares al año durante el resto de mi vida…

El genio accede sin problemas. Ahora es la mujer quien pide:

Quiero una casa en cada país del mundo.

Queda igualmente concedido el deseo. Sin embargo, ambos expresan su necesidad de conocer el deseo que pedirá el genio. Es el siguiente:

Llevo más de mil años encerrado en esa botella, y me apetece un poco de sexo. Deseo acostarme con tu mujer.

El marido mira a su mujer y valora todas las cosas que han recibido en los últimos minutos… al indicar que vale la pena el sacrificio, ella asiente entusiasmada y se va con el genio a otra habitación. Transcurren dos horas de sexo lujurioso, tras las cuales el genio pregunta a la amante esposa:

¿Cuántos años tiene tu marido?

Treinta y cinco -responde ella.

Y con esa edad… ¿El muy imbécil todavía cree en los genios?

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