No voy a dar detalles
sobre tu identidad,
no te preocupes.
Hay demasiadas víboras
atando cabos
entre las líneas
de estos textos estúpidos.
Pero sí tengo que desahogarme
glosando la incidencia de ayer,
sencillamente para no volverme loco.
Catarsis, ya lo he dicho antes
en varias ocasiones.
Yo te gano en edad,
diez años más o menos.
Tú ganas en belleza, uno a cero;
uno es belleza sí, cero es belleza no;
un booleano, dicen los matemáticos.
Yo gano en experiencia,
y tú en inteligencia.
Supero tu ironía,
superas mis reflejos.
Te gano en el sentido del humor,
arrasan de tu lado voluntad,
tenacidad, perseverancia.
Yo gano en la paciencia,
sangre fría, la prudencia.
Gana tu encanto y,
a veces,
tu melancolía.
Y también hay empates,
las ganas de vivir,
y la alegría, química,
magnetismo animal,
fuerza, destreza.
Pasión por la lectura,
música, arquitectura,
pintura y otras artes.
No, marciales no.
Ratón de exposición
y de museo como yo.
Hay, por ende,
asuntos a tratar
con calma y tiempo.
Adoras la ciudad
y yo me muero
por salir de ella.
El asfalto es tu mundo.
El mío de verdad
está en la sierra de Córdoba
que mis mayores
me enseñaron a amar.
O, como mucho,
en las calles de Toledo,
también añoradas por afecto
a la otra mitad de mi familia.
Nada que no se pueda remediar,
en cualquier caso.
Mas poca solución hay,
sin embargo,
para ese asunto que rehuyes
casi desde que nos conocimos.
El tercero en discordia.
De un lado guapo, alto,
pelo rubio, viste fashion,
joven como tú.
De otro, te maltrata.
A veces refuta en público
y con un toque de desprecio,
tus aseveraciones.
Otras llega con prisa,
sube, cabalga, ducha…
y se marcha.
De piedra que te quedas,
casi a medias.
No soy tan agraciado,
algo más bajo,
pelo menos,
cuerpo de cuarentón;
de edad ya hemos hablado.
Pero en el trato siempre hay
cariño,
respeto,
consideración,
halago en caso necesario.
La cena en el Kabuki
y el concierto,
casi doscientos leuros
invierto en tal empeño.
No escucharás jamás
rebate público,
importa poco el tamaño de tu hazaña.
Ya puedes afirmar que has descubierto
un continente nuevo,
no saldrá de mis labios
la palabra contraria.
Lo dije ayer,
puede corroborar mi compañero,
hastiado ya de curso estrafalario.
Creí que era un padre
lo que necesitabas.
Craso error.
Quieres mi forma de actuar
envuelta para regalo
en su cuerpo
de treinta recién cumplidos.
Quieres reír como haces a mi lado,
sin asociarte a alguien
que -temes- será visto en tu mundo
como un bichito raro.
Prejuicios de muchacha atolondrada.
Él no será -con suerte- un capullo integral
toda su vida.
Seguir con él supone ser paciente,
esperar a que aclare sus ideas.
Más no pienses
que su cuerpo de atleta
te acompañará en el viaje.
Hace diez años tuve uno parecido,
pero también lo eran mis maneras.
Pensaba más en ir como la abeja,
clavando el aguijón de flor en flor,
que en conservar la maravilla de mujer
que tomaba mi mano
en un momento dado.
Sale -inadvertidamente- a colación
ese asunto del sexo, complicado.
No es inseguridad, hoy soy mejor amante
-cincuenta a cero- que hace diez años.
Pero no quiero confundir aún más
tu ya bien confundido panorama.
No habrá sexo conmigo.
Marcha en paz, sigue el camino.
Puedes atarte a malo conocido,
o aventurarte al juego
del girasol herido.
Esa es tu encrucijada,
vuelve si has de volver,
con resultado muy
bien decidido.
Ya no se comen pipas como antes.
Podía en cada bolsa
haber premio escondido.
Tenías que comprar,
y revolver ufano el contenido.
Sacar el papelito.
En una entre un millón
el premio está servido.
En las demás:
“pruebe otra vez, gracias, repita”.
Tienes edad, encanto y atractivo.
Tiempo para buscar en mil bolsas de pipas.
Yo ya no tengo tal, en serio te lo digo.
Ante todo, gracias por hacer mención en tu blog sobre el rinconcitotropical, me he mudado y lo cerré. Esta vez no me hiciste reir, pero me ha gustado leerte mucho más (me declaro humilde admiradora de tus letras)