Ahora

Es la existencia humana una pugna entre unos y otros. El bien, dicen de sí mismos, y el mal, que así llaman al adversario.

Imagina el caso extremo. Los ladrones desaparecen por la eficacia de la policía y los juzgados. Los militares vencen, y ya no quedan enemigos que combatir. El fuego se apaga, no hay pirómanos, y no hace falta ya tener bomberos. Vencemos la enfermedad, están de más los médicos. Se hacen obras perfectas, haciendo innecesario el ramo entero de la edificación. Y con todos los malos resultantes, hace un magnífico trabajo la penitenciaría, convirtiendo delincuentes en gentes renovadas que pueden, sin peligro, salir en libertad.

Un desastre, porque la sociedad no tiene ocupación para tanto gremio obsolescente.

Cuando nos falta el mal, el poder considera necesario crear uno. Taimado, despiadado, cruel. Que sea bienvenido el tráfico de armas para su oportuno exterminio. Semilla del futuro negocio de la reconstrucción.

Y así se nos ofrece la tragedia, como un daño colateral irremediablemente asociado a nuestro beneficio.

Nos invade el horror. Temblamos de inseguridad. Pedimos protección y estamos bien dispuestos a pagarla.

Una porquería. Pero una porquería muy lucrativa para los que no tienen escrúpulos.

Estupendas

Esas personas que creen que esperar en la fila no es para ellas. La cola es otra cosa. Y no es lo mismo según qué orilla del charco atlántico bañe tus pies.

Esas que se creen superiores porque pueden pagar una clínica privada. Y que se jodan las demás.

Esas que impiden el desarrollo de la universidad en España mientras que mandan a su descendencia a estudiar al extranjero.

Las que siempre van a los sitios más distinguidos, super fashion, porque el precio de la entrada selecciona mucho, oye.

Las que maquinan para alterar el precio de las cosas con la esperanza de ocupar un sillón en un consejo y asegurarse un retiro dorado.

Las que resisten al cambio como el papel de lija se opone al desplazamiento.

Esas que van siempre con un look sin apelmazar, un outfit ideal y un charm que lo flipas. Todo a base de un dinero que estaría mejor en la lucha contra el hambre.

Esas que se extrañarán cuando la vida rodee sus esbeltas figuras de contenedores de basura, y vean que nadie viene a socorrerlas.

Esas, las estupendas.

Trip Note #2

Murphy.

Justo cuando hacía falta una temporada tranquila y sin incidentes… aparece la tormenta.

Parece que el #BREXIT va en serio.

Siempre ha sido así. Llegar, tomar lo que quiero y más, salir corriendo.

Los españoles (mucho españoles y muy españoles) tenemos la picaresca.

Los ingleses tienen la política de hechos consumados.

Ahora sí, Gibraltar español. Verás qué risa.

Trip Note #1

España es el líder mundial en producción, consumo y exportación de picaresca desde la edad media.

Aquí, superfluo es lo que gasta otro.

Lo que gasto yo es hiper-super-duper necesario. Y no digamos lo que necesita mi asesor-experto-cuñao-contratao-a-dedo para salir de la miseria y vivir al trapo que sin duda merece.

No tenemos remedio.

Sin distinción de credo o ideología, al poder se sube uno para forrarse.

Lo demás es ir pa na.

Sensaciones

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Sufrimiento. Hay mucho a la espalda, y esta se acostumbra a llevar mochila.

Abandono. Todos van a lo suyo menos yo, que voy a lo mío.

Vértigo. Resistencia (y miedo) al cambio. Será vencida.

Traición. Desde el lado de la víctima, no del verdugo.

Déjà-vu. Esta película ya me la he dormido.

Comparación. Es odiosa, según dicen, pero pone a cada cual en sus recuerdos.

Insularidad. Desierta quiero la isla. Si tiene gente, al final hay problemas.

Tranquilidad. Más quisiera.

Atascarraco

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Aprovechar el tiempo cuando pasa. Porque pasa. Quién no se ha visto en un atasco. Quién ha sabido qué hacer.

Labores de punto. Cadeneta. Cruz. Ganchillo. Crochet, que dicen los franceses.

Atenta lectura de prensa, atenta escucha de radio, atenta mirada a las cosas de las redes sociales.

Anda, mira, es la del coche de al lado. Y ella también está mirando. Maravillas de la geolocalización.

Más miradas, más descaradas. Frugal charla. Profundos sentimientos. Arrancado de ropas a tirones. Familia. Numerosa.

Escucha poco o nada ética. Robo de idea de negocio al del coche de atrás.

Rapidez de reflejos. Patente. Creación de startup. Salida a bolsa. Éxito. Creación de una gran corporación maligna.

Intrusión disimulada del conductor del coche de delante. Es un famoso hacker. O peor, un cracker. Sustracción de datos.

Divulgación en prensa de gran tirada. El escarnio. Los trapos sucios. Los paraísos fiscales. Delaware.

Huida a pie. Abandono a su suerte de los vehículos implicados.

Playa paradisíaca. Chiringuito saleroso. Bebidas refrescantes. Palmera. Tumbona.

Todo, incluso un enorme atascarraco, va bien si acaba bien.

Bloquea tu wi-fi (mientras puedas)

wifi-lock

Querido hijo: Esta semana cambiaremos todos los días la contraseña del wi-fi. Para conseguir la de hoy, tienes que:

  • Limpiar tu habitación
  • Lavar los platos
  • Tirar la basura

Mamá y Papá (corazoncito)

Querido padre: Sé de sobra como hackear cualquier red Wi-Fi. Ten cuidado no te esconda yo el mando de la tele y te bloquee las páginas porno que visitas con asiduidad.

[Visto en LinkedIn…]

Parca

parca

Ya me dirá usted por qué tiene que llevarse a gente tan joven y buena, existiendo por el mundo tanto mal bicho que agüadañar.

Y qué pinta una madre treintañera con un hijo pequeño en las puertas del ascensor.

Y qué sentido de la justicia es ese.

Ya sé que me dirá que no se aceptan cambios ni devoluciones.

Y que no se realizan trabajos ajustados a derecho.

Y que no se dan explicaciones. Que el que manda, manda.

Y que rendimientos pretéritos no garantizan ganancias futuras.

Es que parece usted un banquero con esa falta de piedad, esa ausencia de escrúpulos, ese nulo sentido de la justicia, ese absoluto desprecio por la humanidad.

Esa vestimenta negra de enterrador.

Le conducteur de sa majesté

chauffeur

Llevaba aproximadamente tres meses en mi nuevo empleo y ya había gozado en repetidas ocasiones de los placeres de la exótica hospitalidad oriental. Pero aquella tarde, cuando la reina me llamó a su presencia con carácter urgente, abandoné de golpe la ensoñación. Acudí inmediatamente porque es esa, la presteza, una de las virtudes de un buen chauffeur de su majestad.

El subsuelo de la capital del reino está horadado por una tupida red de túneles que comunican la parte noble de palacio con las dependencias del servicio. Todavía no conozco del todo el lugar, pero aprovecho mi sentido de la orientación, otra de las características inherentes a un buen conductor del rey, para llegar al lugar en el que me espera la reina con ansiedad.

Una planchadora ha salvado de la destrucción una nota que tiene impreso el sello real. Estaba cuidadosamente doblada en el interior del bolsillo de una camisa del rey. La reina es hermosísima, pero no fue educada para las letras ni las ciencias. Sin embargo, quiere saber a toda costa lo que pone en el papel.

Instintivamente asoma mi natural tendencia a la obediencia debida a la real familia, otra de las características que adornan a cualquier profesional del servicio que se precie. Desdoblo la nota y leo para mis adentros.

“De: S. M.
A: Chauffeur.
He sabido que mi esposa comete frecuentes infidelidades con personas de palacio.
Es mi deseo que la traigáis a mi presencia esta tarde al término de las audiencias reales.
En ese momento y lugar será juzgada y condenada por adulterio.
Después la llevaréis a la torre de marfil de palacio para que sea ajusticiada al amanecer.
Como podéis imaginar, espero de vos la máxima reserva para evitar escándalos.
Yo, el Rey” 

Haciendo honor a la discreción, virtud del buen trabajador real, explico a la reina que, con el poco tiempo que llevo en el puesto, aún no he tenido oportunidad de aprender su lengua al detalle.

“Unos cuantos topónimos y las palabras más comunes. Lo justo para no perderme por las carreteras del país y para sobrevivir en viaje. Lamento, majestad, no saber traducir la nota de vuestro real esposo.”

En eso, me aparta a un lado y susurra:

“Imagino que sí sabréis el camino de mis aposentos, y espero que tengáis tiempo para una copa de vino antes de que mi esposo termine de atender a los embajadores…”

Muestro otra de las virtudes del servicio de palacio, la positividad, y contesto tal y como ella espera.

“Lo que su majestad la reina tenga a bien ordenar. Dadme dos minutos para retirar a las cocheras la limousine, no vaya a verla alguien inconveniente…”

Ahora se manifiesta la más valiosa de las lecciones aprendidas en experiencias anteriores. Un buen chauffeur hace siempre gala de su anticipación. Siempre llevo un pequeño trolley con algo de ropa y efectos de higiene personal en el maletero. Me dirijo discretamente al aeropuerto, dejo el vehículo en el parking de autoridades y recorro a pie, sin prisa, el pasillo que lo une con la terminal internacional.

La presencia también importa en estos casos. Entre tantas chilabas blancas como la nieve, mi casaca de color marfil delata mi filiación como miembro del servicio de su majestad. Cambio mi aspecto en los lavabos y compro un pasaje para el primer vuelo con destino a un país occidental.

Anoto la huida a tiempo, un nuevo rasgo que he de sumar a la lista de atributos del buen trabajador de palacio, por si surgiera otra oportunidad similar.

 

[La foto es del Picme Blog: picme.lk]