2016-08-24 y las señales

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Vigésimo de asueto. Recta final del periodo de solaz esparcimiento.

Algunas veces el cosmos nos envía señales. Otras veces es el ayuntamiento, la comunidad, la tesorería de la seguridad social o el ministerio de hacienda. Pero hoy no quiero hablar de tales.

Yo tengo, aquí en la pierna izquierda, un recordatorio de que ya no soy un adolescente con músculos de acero y cerebro de mosquito.

Tú te has llevado hoy un buen susto.

Que sean el preludio de una etapa más calmada y más centrada en el disfrute de los placeres de la vida.

Que así se escriba y así se cumpla.

2016-08-18 y el signo de los tiempos

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Decimocuarto de asueto. Debatiéndonos entre encrucijadas de una sociedad enferma que no acaba de colapsar. “Ni se muere padre ni cenamos” –dijo el chaval, harto de la tensa espera en aquel sanatorio de provincias.

Si la tecnología avanza, mucha gente se queda sin medio de vida. Otros encuentran sustento en esa misma industria, pero no se sabe si son más o menos, y es casi seguro de que la mayoría de ellos son amarillos.

Hemos de enfrentarnos al hecho de que no hay trabajo para todos. Solamente unos pocos, los más especializados, resistirán el envite de la oleada de cambios que experimentamos.

Los camareros. Casi los únicos que no pueden ser reemplazados por un chino en china. Tienen que estar aquí, memorizar la comanda, contar chistes de borrachos y servir desde que amanece hasta las tantas de la madrugada con salero y brío. Aguantarán como los músicos del Titanic, hasta que la demanda interna se hunda por ausencia de ingresos. Los parados no van al bar. Beben el vodka barato del mercamona. Placentero final.

La renta básica ni se plantea. Se tendría que detraer de los beneficios del oligarca, que no está por la labor. Vuelve el subdesarrollo y nosotros mirando al dedo.

Ad astra per aspera. Que quiere decir: “Veremos las estrellas porque tendremos que volver a limpiarnos con papel del elefante”.

2016-08-17 y ella

Unos decían que por sus ojos.
Otros que su sonrisa.
Los más descarados resaltaban su pecho.
La gente seria admiraba su puntualidad.
Los revoltosos se cuadraban con su primera llamada al orden.
Pero se maravillaban porque sabía acariciar con el látigo, como si fuera una pluma.

Yo adoro sus ojos, su sonrisa, su pecho, su puntualidad, su firmeza, su dulzura y su determinación.

Yo soy mejor desde que está a mi lado.

2016-08-16 y la pata arrastra

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Duodécimo de asueto. Se niega esta pierna izquierda a comportarse como debe. Duele de solemnidad. Ratos mejores y ratos peores. De tanto como ha molestado, consigue un efecto perverso. Hace que la aventura sureña sepa a poco. Esto lo soluciono yo en cuanto que se disipen las hordas de turistas.

Palmeras. Después de las respuestas evidentes, me quedo con la emocional. Las palmeras me transmiten el lejano trópico y después el sur cercano; aventura y después calma; clima cálido, después húmedo y finalmente tormentoso.

Signos de una vida diferente, lejos del atropello de la ciudad. Ajena al ritmo frenético que trae consigo la tecnología. Apartada del mundanal ruido. Centrada en lo fundamental y desprovista de lo innecesario.

Una vida mejor.

2016-08-14

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Décimo día de asueto. Un molesto dolor ha recorrido la parte izquierda de mi cuerpo, arrancando en la cadera, resbalándose por toda la pierna hasta manifestarse en los dedos. Reposo absoluto y mi primer nolotil. También espero que sea el último, aunque toda la industria de la farmacopea se afane en desear lo contrario.

En la oscuridad de los momentos malos brilla con fuerza la luz de las buenas personas.

Es probable que la frase no sea mía, pero así es como lo siento. Gracias por cuidar de mis huesos maltrechos aunque tu dolor sea mucho peor que el mío. Tiene más mérito, si cabe, por esta razón.

Con los nervios (ciáticos) nos hemos dejado varios lugares maravillosos en el tintero de las visitas imprescindibles. Nos quedamos con lo disfrutado: Cádiz, El Puerto, Chipiona, Rota y, por supuesto, Sanlúcar de Barrameda. Hacemos la firme promesa de volver pronto.

Sin dolores, sin agobios y sin prisas. Así es como se disfruta del sur.

2016-08-11

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Séptimo día de asueto. Rota la promesa de no tocar la computadora, y rota la de no dejar pasar un día sin escribir. Es que, en realidad, la única promesa que cumplo en vacaciones tiene que ver con incumplir alegremente. Compromisos y fechas límite se quedan abandonados en la cuneta del pausado devenir de los acontecimientos.

Dice mi mejor -que también es mi mujer- que todo me viene bien. A veces se siente incómoda porque pone planes en fila y yo los voy aceptando sin rechistar. En primer lugar, son planes estupendos. Que intente subirme en un avión a Londres -a trabajar, se entiende- y verá de qué tamaño es la negativa. En segundo lugar, cada plan descubre un matiz de este paisaje, un nuevo lugar en el que retirarse, un latifundio con su imaginario señor marqués en el interior, un baño de sol, de mar, de viento, de gastronomía andaluza.

No hay placer igual.

2016-08-08 and trip note #5

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Cuarto día de asueto. Salida. La magia del camino. Molinos de viento. Ruinas de tiendas de cerámica. Bares abandonados. Lugares de carretera que no se visitan a menudo. Como mucho, se pasa cerca a gran velocidad y se fantasea con historias de amor, lujo, ruina o decepción que allí ocurrieron. Auge, caída. Y, tal vez, nuevo auge y nueva caída al ritmo de las obras públicas que favorecían o perjudicaban al lugar en cuestión.

Dejamos cosas atrás. Muchas. Lo hacemos sin mirar, porque “a lo malo, puerta” y “a lo bueno, volveremos”. Esta especie de catarsis acontece en cada cruce de la línea imaginaria que separa el norte del sur. Durante un tiempo no supe muy bien si iba o venía, si mi hogar estaba allí o aquí. Escuchaba las voces de mis antepasados lejanos invitándome a volver. Ahora creo que la vida no tiene que ver con lugares sino con compañías.

Es un error común. Pensar que los territorios tienen vida, y por tanto derechos adquiridos, y por tanto flujos de caja que hay que nivelar. Importamos las personas, nuestras necesidades y nuestros anhelos. Lo demás son malditas excusas de político en busca de una vida cómoda sin tener que trabajar.

Vamos al sur, con la gente que nos quiere por lo que somos y no por lo que tenemos. Y, mucho ojo, que de este tipo hay también en el norte, y más al norte todavía. Ya digo, los lugares son lugares, las personas son personas. De todo ello hay malo, pero también de calidad suprema.

2016-08-07 and trip note #4

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Tercer día de asueto. Preparando el periplo hacia el sur. Ligeros de equipaje. Sin más obligación que disfrutar. El sol. El viento. La sierra, que ya no es lo que era desde que plantaron pilares de hormigón y crecieron largas hojas de asfalto en sus cumbres.

Despeñaperros ya no se pasa, ahora se sobrevuela.

 

2016-08-06

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Segundo de asueto. Continúan las calores propias del momento. Tal vez sean motivo de queja hoy, pero mañana llegará el invierno y las maldiciones sonarán en el sentido contrario.

Cerca y lejos. La tecnología parece resistirse al abandono. Hubo un tiempo en el que era imposible localizar a un colgado -léase: el menda- cuando estaba de vacaciones. Los móviles eran sólo para súper híper dúper millonarios, la cobertura era escasa y la funcionalidad casi nula. Salía más barato pagar un apresurado viaje de vuelta que resolver el problema en remoto.

Alto y claro. Disfrutar de las vacaciones alejándose un poco del día a día, del ritmo de la ciudad, del reloj, de las prisas, de los proyectos con fecha comprometida ¿Comprometida por quién y en base a qué? Esa es otra historia, no divaguemos.

Afuera y adentro. Momentos para la introspección, la vida al aire libre, los largos paseos por la playa, las buenas compañías.

Carga y descarga. Esa batería imaginaria está casi vacía. Conviene cargarla a tope, que el invierno es largo y promete venir lleno de palizas profesionales.