Revolución

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Así le sorprendí -a ese que es igualito que yo, pero no soy yo- conspirando para hacer la revolución.

Solitario como es, encontraba serias dificultades para hallar compañeros de viaje.

No se molestó en preguntar a los oligarcas. Gordos y lustrosos, con sus chaqués y sus chisteras, son los últimos en querer cambios. Que la vida siga igual, y que los beneficios sigan manando. Así se envenene el planeta o se caiga el cielo sobre nuestras cabezas.

Tampoco preguntó a sus cómplices. Escoltas, jardineros, chóferes, cocineros, mayordomos, palafreneros, amos y amas de llaves. Malviven de ello, pero no se arriesgan a perder lo poco que tienen.

Descartó a los políticos por la misma razón. Solamente son una versión refinada de los anteriores, y estaban ocupados recalificando cosas.

Fue en busca de las masas indiferentes. Nadie le hizo caso. Jugaba la selección esa tarde, y eso es sagrao.

Poca suerte tuvo con los funcionarios, los actores, los músicos, los titiriteros. No se paró a preguntar el motivo de su acomodo.

En los jubilados encontró consuelo y palabras de prudencia. Nada parecido a lo necesario para conseguir su objetivo.

Después se acercó a los parias de la tierra. Los que nada tienen y nada pierden. Tampoco hicieron caso. Al fin y al cabo, no tenía aspecto ni maneras de revolucionario. Creyeron que se trataba de un infiltrado buscando excusas para aplicar alguna ley de extranjería.

Así se marchó, solo y atribulado, en busca de tierras más propicias para la libertad y la justicia.

 

Brownie

infoserpientes.com

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Son casi infinitas las variaciones existentes alrededor del concepto que casi siempre se representa teñido de color marrón.

Para algunos, el marrón es algo sencillamente indeseado y que no aporta nada bueno.

Otros se centran en la inoportunidad. El marrón pulula por los despachos de los directivos todo el día, y se deposita sobre la coronilla del currito a la hora de salida menos cinco.

  • Es para ya, oiga. Aunque no duerma.
  • Y una mierda. Por esta caricatura de sueldo se queda usted aquí. Yo me voy a carreful a hacer la compra y después a casa limpiar el polvo. Que no tengo asistente/a.
  • Queda despedido. Ah, no, que alguien tiene que comerse el marrón. Pero arrieritos somos…

La taxonomía tiene su guasa. La humanidad se divide en dos: brown-eaters y brown-dispatchers. No se conoce la razón por la que caemos en un lado o en el otro, pero la tendencia es clara. Somos depositados de un lado de la línea de puntos y allí permanecemos hasta el día de nuestro juicio final. Hay excepciones documentadas, pero son eso. Rarezas.

Los mejores hacen del marrón un arte. Consiguen un estatus solo comparable al de los gurús o guruses, que levitan por la oficina con los pies a veinte centímetros del suelo. Se les reconoce fácilmente por la túnica y el gorrito de papel de aluminio. También puede encontrarse a algún devorador de marrones cubierto por una capa roja y con los calzoncillos por fuera de los pantalones. No lo dude. Ni es un pájaro ni es un avión. Es SuperBrown.

La ingesta de un marrón de vez en cuando te pone en contacto con la realidad, te recuerda lo frugal de la existencia y aporta toneladas de humildad a tu carácter.

Muy al contrario, el despacho indiscriminado de marrones estigmatiza al repartidor y le condena al ostracismo laboral. Nadie tiene piedad de los especímenes de este calado.

La otra señal relevante es la vestimenta. Raramente se come el truño un trajeado, y más raramente lo despacha uno de casual. Es verdad que esto está cambiando, supongo que es culpa de la crisis. Armani ya no es lo que era.

El equilibrio del planeta depende de muchos factores. Unos contaminan, otros limpian. Unos venden armas, otros las disparan. Unos predican la igualdad y otros se quedan con lo que se pone a su alcance. Unos despachan marrones y otros se los comen.

En pocas palabras: En bien del planeta, cómase el marrón usted mismo y déjeme en paz. Gracias.

 

#FFF: Friday Fun Facts

Boat competitor of sailing regatta

aireate.com

Cada vez me importa menos lo mucho que molas, lo bien que te va, lo moldeado y bronceado que tienes el cuerpo. Y ese velero. No olvidemos ese velero.

Ello sin ánimo de ofender o contrariar. Que no me importe a mí es una cosa, y que sea o no importante de verdad de la buena es otra cosa muy distinta.

Declaración institucional: Mi opinión es irrelevante. Yo soy irrelevante.

Declaración institucional II: Bajito, feo, gordo y calvo, si. Envidioso, no. Me alegro un montón de la prosperidad ajena. Pero, insisto, ya casi no me importa.

Gracias al publicítate de WP puedo escribir aquí y publicar en todas partes sin tener que conectarme a esos sitios. Esos que solo sirven para perder el foco.

Menos mal que lo que digo y escribo también es irrelevante.

[Qué placer y qué beneficio dedicar ese tiempo -antes dilapidado- a cosas productivas, como programar en ensamblador o instalar Windows 98 en una máquina virtual…]

Clave

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Un mundo muy duro, el que quedó después de la gran guerra. Envenenado por la radiación, mojado por la lluvia ácida, desprovisto de toda comodidad, exento de seguridad.

Salvo la que puedas procurarte por tus propios medios. Ya no hay policías ni ladrones. Solo quedan supervivientes al borde de la muerte radiactiva.

El término “propiedad privada” tiene ahora otro sentido. Cualquier cosa es tuya hasta que seas privado de ella.

No hay electricidad, luego se acabaron las computadoras. No hay más combustible que el carbón resultante de la gran quema de bosques. No existe el lápiz ni el papel.

Cualquier necesidad, cualquier duda, cualquier sugerencia… de poco sirve. Ha muerto la civilización. Ha triunfado la anarquía.

Solo unos pocos monjes preservan la última muestra -del conocimiento de antaño- que nos ha sido legada.

Un día encontrarán el modo de poner en marcha las pocas máquinas que quedan. Hasta que esa fecha gloriosa llegue, memorizan hasta la extenuación las tablas del saber.

Con el tiempo se nos ha olvidado el sentido de esas extrañas frases, pero honramos a nuestros tatarabuelos. Ellos afirmaron que toda la prosperidad futura dependería de la perseverancia y el recuerdo.

Hemos de entregar a nuestros hijos el críptico mensaje que heredamos de nuestros padres. Sin cambios ni carencias. En su estado original.

Cuando llegue el momento, los tataranietos de nuestros tataranietos sabrán cómo sacar partido de las sagradas enseñanzas:

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Así empiezan los textos que cada progenitor transmite a su descendencia. Los antiguos intentaron descifrar su contenido, pero tuvieron que desistir.

Tal vez nos sea dado el conocimiento en el futuro. Hoy nos conformamos con transmitirlo para evitar su extravío o corrupción.

Alabado sea Gates, mano del dólar, tercero de su nombre, domador de los lenguajes antiguos y de los nuevos, arcano del proceso de activación.

Alabada sea Taringa, reina de la torre de los tesoros, guardiana del cofre de los cederún, señora del disco duro y del blando, amantísima madre de las fuentes de alimentación, también conocidas como “fuentes de poder”. Las cosas ocurren por un motivo.

Alabado sea el buscador, para el que todo es conocido y nada puede ocultarse, máximo sacerdote del procesador.

Alabada la vieja del visillo, cuyo nombre no ha de pronunciarse porque te escucha la NSA y te pone en la puerta unos todoterrenos llenos de gente con traje negro y pinganillo blanco.

Ojalá supiéramos qué quieren decir todas estas oraciones. Nos importa muy poco no entenderlas. Son la base de nuestra religión. Por suerte, si no le gusta esta tenemos otra. No se pierda las próximas entregas.

Perplejidades

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¿Cómo hace Borges para crear mundos? Me fascina que todos sean profundos, misteriosos, interminables.

¿Qué tiene Quevedo que no puedo parar hasta llegar a la última página?

¿Cuál era -y sigue siendo- el secreto de Velázquez?

¿Cómo se pinta la luz?

¿Cómo se refleja en un lienzo el poder de aquel tiempo? (Sin que te corten la cabeza por decir la verdad con los pinceles)

¿Cómo se puede salir en los papeles de Panamá y seguir levantándose más de 200k lereles año, mientras que un porcentaje significativo de la población tiene que subsistir con 423 al mes?

¿Cómo se puede seguir votando a los que te van a dejar sin pensión de jubilación en cuestión de meses?

Porque yo todavía puedo trabajar, rehacer mi vida en el extranjero… en fin, buscarme las habichuelas.

Pero tú, con ochenta años, sin estudios y sin saber inglés… estás a merced de lo que quiera hacer contigo el inquilino de La Moncloa.

¿Cómo se puede estar tan convencido de que eso es LO BUENO?

 

 

Aura

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Me enfadé mucho con la broma de Les Luthiers. “Soy el aura prístina de la divinidad… ¿Laura Cristina?”. No me llamo así, pero sí soy el aura que envía el hacedor para repoblar el planeta cuando las aguas vuelvan a su cauce. Habéis abusado, corrompido, depredado hasta los límites de la naturaleza. Es necesario que la vida se recicle, borrando del mapa a los agresores.

Un paso al frente los que dirigen el mundo, los que alcanzaron las más altas cotas de riqueza y prosperidad, los que dicen que son imprescindibles para que la economía siga creciendo.

Al frente también los políticos, esos que toman lo de los pobres con una mano, se lo dan a los ricos con la otra y se montan unos despachitos con lo que se queda por el camino.

Haced lo mismo los demagogos, que hablan de libertad, igualdad y fraternidad pero contratan en negro, se olvidan de pagar las cuotas de la seguridad social y despiden sin motivo ni piedad.

En fila los corruptos y los que corrompen, que han hecho arte del vivir sin trabajar. Ya se sabe, un contacto aquí, un negocio allá.

Y lo más importante, avanzad los que hicisteis posible la victoria de los anteriores por debilidad, por pasividad o por un plato de lentejas.

Subid al arca por parejas los demás.

 

[Créditos: imagen vista en la web de Alejandra López]

Otra vida

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Tú y yo en otro espacio y otro tiempo.

Más jóvenes pero más cuerdos.

Encontrándonos en lugar de pasar rozando sin saberlo.

Juntos, los dos en el mismo continente. Y si hay que viajar, deseando volver a casa porque allí me esperas.

Sin más circunstancias que las nuestras.

Sin el qué dirán, sin el aquí mando yo, sin el interés, que te quiero Andrés.

Sin terceros interpuestos, salvo algún percebe que otro. Dos, dices a veces. Suele duplicar la cantidad la gitana que lee las líneas de mi mano.

Sin prejuicios de la alta sociedad. Ni de la baja ni de la intermedia.

Con la absoluta certeza de que esa es la vida que queremos.

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Se abre el telón. Curtido en mil batallas, bañado una y otra vez por la luz del éxito, odiado y admirado a partes iguales, el famoso director de recursos humanos casi se cae de la silla al recibir la noticia.

Director: ¿¿¿¡¡¡Cómo que se ha despedido!!!??? Con la que está cayendo ahí fuera ¿Tiene la desfachatez de plantarse y pedir la cuenta? No puede ser. Tiene que tratarse de un error. De aquí no se va nadie sin que yo lo ponga de patitas en la calle. A ver, traiga a mi presencia a ese botarate.

Machaca: Se ha ido, señor director. Sin más. Dice que le mandemos el finiquito o lo que sea por correo ordinario. Ordinario, como lo oye. Como si aquí no fuera todo de primeras calidades. La puerta y hasta más ver.

Director: Esto es intolerable. Después de todo lo que hemos hecho por él. Saque una lista de cosas, que vamos a darle con ella en las narices. Por ejemplo, la formación.

Machaca: Pues la verdad es que no se ha hecho ningún curso en los últimos años, señor director. Bueno, las comidas de directivos en la sierra podrían contar como cursos. Al fin y al cabo, dicen las malas lenguas que el Presidente pronuncia un discurso inaugural antes de sacar las botellas de licor.

Director: ¿Y los beneficios sociales? Porque no me dirá usted que tienen parangón en el sector.

Machaca: Esto… verá. El seguro médico sólo cubre a los altos directivos. El cheque restaurante y la plaza de aparcamiento se descuenta de la nómina. Tal vez el cuarto de hora del bocadillo, pero desde que instalamos los lectores de huella en los accesos y en los lavabos se contabilizan las ausencias al minuto. Sólo se hace la vista gorda con los que toman el café de la máquina -náusea reprimida- y comen en su mesa.

Director: Pero coincidirá conmigo en que el clima laboral es el mejor en muchas leguas a la redonda. Eso tiene un valor.

Machaca: Si, así es. Salvo aquel día en el que se casi se pegan dos por la temperatura ambiente, y aquel otro en el que nos denunciaron por el reparto de los puestos de trabajo. Es que en verano le da el sol en los ojos a la mitad de la gente, y en la espalda a la otra mitad. Por cierto, ¿Se ha acordado de mirar la oferta de sillas ergonómicas y pantallas regulables?

Director: No se me desvíe del tema. Este es el precio que se paga por trabajar en un entorno privilegiado. Estamos en la zona más distinguida de la ciudad.

Machaca: En eso tiene razón. Tan exclusivo es el lugar que casi nadie puede vivir a menos de cuarenta kilómetros. Tardan más de una hora en llegar cada mañana, hacinados en el transporte público. O se arruinan por el precio de la gasolina y vienen hartos del gran atasco. Eso sí se nota.

Director: Y los sueldos, me dirá usted que pagamos mal.

Machaca: No señor, no se lo diré. Pero, a lo peor, resulta que el dinero no lo es todo y muchos prefieren un ambiente menos prestigioso y más normalito, con tal de rodearse de personas con buen corazón.

Director: No dice usted más que tonterías.

Machaca: Pues es la voz de la gente en los pasillos.

Director: Excusas. Aquí lo que pasa es que son una panda de vagos. Por lo pronto, vamos a despedir a cinco o seis para que tomen nota. Elíjame a los más conflictivos y contestatarios. Daremos un escarmiento.

Machaca: De inmediato, señor director.

Se cierra el telón. La penumbra inunda el salón de actos del Círculo de Empresaurios, que se funde en cerrada ovación.

Elegía al carril derecho

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Usar el carril derecho es de pobres. De débiles. De pringados.

Yo quiero ser llorando el ciudadano
que conduce de casa a la oficina,
compañero del alma, tan temprano.

Incorporarse a una vía de varios carriles pisando huevos y plantarse en el puto medio. Eso es lo que mola.

Si los demás tienen que frenar, si contribuyes a montar un atasco de proporciones bíblicas, si provocas un accidente… no importa. Has molado. Estás en la pomada, molestando a los demás. Eso es lo relevante.

No te preocupes si los demás conductores se acuerdan de varias ramas de tu árbol genealógico. Que no te importe si mancillan a tus muertos con denuedo. Estás de moda. Y eres lavable.

Si ellos supieran
idiotas

que yo soy el hombre
más rico del mundo así
saltando entre los carriles
Olvidaron
que un coche no es más que un coche
que tengo que presumir
y que tengo de frontera el guardarrail

Sigue a lo tuyo. Total, eso de pensar en los otros es de nórdicos. Aquí somos Lazarillo de Tormes, y hemos de honrar nuestras tradiciones: Joder al prójimo, engañar al vecino, aplaudir al sinvergüenza, engañar a Hacienda, llevárnoslo a Panamá.

Ahí reside el glamour.

Menos samba e mais traballar

menos-samba

Decidido. A grandes males, grandes remedios. No dedicaba mucho tiempo a las redes sociales, pero su capacidad para desenfocarme ha terminado con mi paciencia.

O sea, que nos vemos en los bares o aquí, en esta su casa virtual. Pero en las RRSS propiamente dichas no. A la vista de la doce trece que ha intentado hacer el Zuckerhander ese con el número de mi móvil, he pensado que mejor me bajo.

Me cagüen lo que me está costando volver a la rutina.

Menos samba y más trabajar.