Los problemas del capitán

Titanic-sinking

El viejo lobo de mar paseaba atribulado por cubierta.

Todo era inconveniente. Todos le calentaban la cabeza.

El maestro de ceremonias con la intensidad de las lámparas de la sala de fiestas.

El afinador con la imposibilidad material de hacer su trabajo porque el piano estaba mal orientado, y además se movía ligeramente al vaivén de la mar.

El maître con la disposición de los comensales.

El cocinero con la densidad de la nata montada.

El sobrecargo con los pasajeros de tercera clase que se colaban en las cubiertas superiores intentando ver ese espectacular despliegue de glamour y distinción.

El consejo de administración y los accionistas de la naviera con el requerimiento irrenunciable de obtener más velocidad.

Cualquier cosa menos someterse a la vergüenza de la penalización por impuntualidad que se paga, según contrato, a los clientes de primera.

Con tantos y tan variados asuntos por resolver, ni siquiera escuchó al tiznado que subió de calderas explicando no sé qué de un trozo de hielo que había arañado el casco.

Así está la cosa en el panorama empresarial de la madre patria. A punto de hundirnos, con los pies metidos en barro fofo y preocupados por el color de la pluma del sombrero.

Libertad

Cerró la puerta, bajó las escaleras y caminó sin mirar atrás.

A sus espaldas, veinte años o más de desprecios, falsas condescendencias, comportamientos dictatoriales e insultos no disimulados. Hasta el acceso a la cuenta le quitó. Y las tarjetas se las rompió a tijeretazos. Gastaba demasiado, según su criterio. Y claro, él quería darse un capricho de vez en cuando y no había fondos. Ella se había gastado los dineros. Decía que se había ido la tela en alimento y vestimenta, pero cualquiera se fía de una mujer ociosa.

Su madre, la de él, alimentaba los demonios a base de críticas. Su niño, el de ella, la madre, la de él, era sagrado. No comprendía cómo había caído tan bajo como para casarse con ella, pero una vez cometido el pecado se tenía que poner coto a los desmanes. Tú dale quinientas pesetas y que se arregle. Él, el hijo, el hijo de su madre, calentaba a la vieja asquerosa en vez de defender a su mujer, la de él, la que estaba cada vez más harta del hijo, el muy hijo de su madre.

Así que aprovechó la coyuntura y se marchó. Buscó la libertad avanzando a pie por el desierto de la incertidumbre. Llegó a la orilla del mar de la tranquilidad. Juró por su conciencia y honor que ya nadie pisaría su cuello. Pudo prometer y prometió que defendería su independencia a capa y espada. A Dios puso por testigo de que jamás volvería a pasar humillación. Sospechó que la madre, la de él, estaría poniéndola a bajar de un burro, uno muy alto para que la caída fuera más dura.

Todo daba igual. Porque la libertad, nadie se lo dijo a mi querido Sancho, tiene un altísimo precio. Tan cara sale que no queda dinero para nada más. Normalmente, el común de los mortales prefiere la esclavitud por lo fácil que resulta. Agachas las orejas, accedes a los deseos de pernada de tu señor, callas la boca y saboreas el mendrugo que sobró ayer en la mesa de los amos.

Una mierda grande como el sombrero de un picaor. A ella no se la tira ningún señorito de la capital, ya lluevan del cielo mil números de la santa inquisición con bigote, escopeta y correajes. A ella no se la obliga a callar y asentir, a ser sumisa o a dejarse esclavizar. A ella no se la amenaza con las penas del infierno. Y si algún cuervo negro intenta asustar con la milonga del fuego eterno, ella se ríe y le contesta que salud y república.

Sabe que tiene a sus peores enemigos en las filas de su propio género. Esas que solamente vivieron en cautividad, y que tienen marcada a jierro en sus cerebros la cantinela de la tradición. Cada vez son menos, pero clavan las uñas con fuerza en el santo nombre de la salvación eterna. Claro, contra eso no hay quien pueda.

Salvo ella, que ignora todas esas amenazas y camina con paso firme hacia la libertad.

Salvo todas ellas, las que siguen su camino, el de ella, que mandó a hacer colecciones de puñetas a la madre, la de él, y se pasó por el forro los improperios que salían de su boca. La de ella, la madre del hijo de su madre que afirma con vehemencia que el lugar de la mujer decente está entre la cocina y el tendedero. En casa y con la pata quebrada. Sumisa y solícita, a tenor de los deseos de un caduco señor feudal.

 

Naciones banderas escudos himnos

bella-fatale

Soy de donde se me quiere.

Hablo la lengua que entienden los que me escuchan.

A veces no conozco su idioma y tengo que apelar a mi bagaje. Varias vueltas al mundo me contemplan.

Enarbolo los símbolos del absoluto repudio a los que se instalan en la poltrona.

Por cierto, mira qué guapos van ellos.

Envueltos en la bandera de las comisiones,  las financiaciones ilegales y las sociedades offshore.

En campo de gules destaca la enseña de la famiglia con la inscripción “tres por ciento” flanqueándola.

Tengan cuidado, no se les vaya a enganchar el trapo al pasar por la puerta giratoria.

Soy ciudadano del mundo. Pero de un mundo que no es este.

Un mundo que no tolera corruptos, aprovechados, comisionistas ni especuladores.

Tampoco necesita embajadas porque no hay fronteras, ni traficantes de armas, ni tratantes de blancas o de negras o de asiáticas.

Vámonos a mi mundo, que tiene más igualdad y menos pobreza que este. Cierto que hay mucho menos negocio fácil, pero no se puede tener todo en esta vida.

Prima Vera

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Ahora viene cuando los pajaritos cantan, las nubes se levantan, que si, que no, que caiga un chaparrón.

Revuélvanse las mariposas de los estómagos.

Absténganse quienes descartan los sentimientos porque están muy ocupados amasando materiales.

Disfrútese del viaje.

Viájese lejos.

Téngase poca o ninguna prisa por volver.

Háganse fotos y vídeos para enseñar a la vuelta, si es que se vuelve alguna vez.

Y lo más importante: Llévese buena compañía.

To-Do-List

to-do-is-to-be

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Cierra asuntos pendientes.

Cambia muebles de lugar.

Vuelve a ponerlos como estaban si el resultado no es el esperado.

Afortunadamente me gusta. No me apetecía un carallu volver a la distribución inicial.

Averigua los porqués.

Recupera tu vida.

Mira hacia atrás sin ira. O no mires.

Deja que te guíe tu intuición. Suele acertar.

Vuela sin miedo.

Lee.

No dejes de dar oportunidades (a pesar de que la última salió mal)

Disfruta de las trincheras.

Haz eso del amor y no la guerra.

Y si intentan esclavizarte, entonces haz la guerra con todo lo que tengas al alcance.

Forma parte de la revolución. Ha empezado.

Deja para mañana lo que sabes (seguro) que no tendrá sentido tal y como se definió ayer.

Planifica.

Ahorra para unas vacaciones de ensueño.

Múdate a un sitio con mar, sol y chiringuitos.

Devora la vida.

Sigue poniendo curiosidad en el depósito. Que no se pare el motor de tu existencia.

Vuelve a pintar sin dejar de hacer fotos.

Aprende una lengua nueva.

Programa en un lenguaje nuevo.

O viejo.

Arregla la bici.

TO DO: Write an english translation here if anyone cares.

Virtud

bien-mal

Se nos ha olvidado por completo hacer el bien.

Se nos antoja innecesario, incluso perjudicial.

Nos hemos creído el paradigma de la cuenta de resultados. Creemos que la bondad se gasta como el dinero. Y que gastar en otros repercutirá negativamente en nosotros mismos.

Pues bien: A poco que lo pensemos, es al revés.

El mundo avanzará hacia la salvación si todos y cada uno de nosotros beneficiamos a los demás.

No sólo a los accionistas.

Sobre todo a los que tienen dificultades para valerse por sí mismos.

En la cruz de la misma moneda se muestra a los listillos y aprovechados.

Si aprovechas la ola de bondad para vivir de la lástima y la subvención… estarás haciendo el mal.

Mucho más que el peor de los malvados.

Necesidad


confort

Del fr. confort, y este del ingl. comfort.

1. m. Bienestar o comodidad material.

Real Academia Española © Todos los derechos reservados


De la necesidad hizo virtud y convirtió una actividad objetivamente irrelevante en el consuelo de una pléyade de sujetos desesperados. El libro de autoayuda fue, efectivamente, de mucha ayuda. Para el escritor, claro. Poco o ningún efecto práctico en los lectores, salvo el alivio de sus carteras por valor de unos treinta pavetes, lo habitual.

Se puso de moda enarbolar la bandera al estilo de Juana de Arco o, más nuestro, al de Agustina de Aragón. ¡Sal de tu zona de confort! era el nuevo ¡A las armas! que movilizaba a las masas enardecidas. Nada nos detendría en la conquista de… ¿DE QUÉ?

Es muy cierto que nos tocará hacer eso del empoderamiento, a medida que nos vayan mordiendo -pies, tobillos, gemelos, rótulas y de ahí hacia arriba- en busca de cifras más abultadas para sus cuentas de resultados.

La acumulación, ya se sabe, es adictiva. Se quiere más cuanto más se tiene. Se tiene para vivir mil vidas a todo trapo y todavía se anhela acaparar cada día más.

La codicia envenena. Se suele creer que la única alternativa a exterminar es ser exterminado. Es la jungla. Devora o sé devorado.

La avaricia rompe el saco. Los mejores ideales mueren envenenados al ritmo del tintineo de los metales preciosos.

El confort era verde y se lo comió un burro. No nos quedará, a ninguno, más remedio que escribir nuestro propio, personal e intransferible libro de autoayuda. Tendremos que ser libres y eso conllevará vértigo y responsabilidad.

Pero la recompensa será grande. Ya nunca podrá ponernos los grilletes un poderoso. Jamás volveremos a gritar “vivan las caenas” en busca de la seguridad que otorga una buena bota pisando nuestros cuellos.

Viene la libertad para quedarse. Aunque nos duela.

Si no fuera por

Si no fuera por Mariano, Susana no podría llevar a sus hijos al colegio.

Si no fuera por Susana, Pedro no podría cobrar una pensión al jubilarse.

Si no fuera por la connivencia silenciosa entre políticos y funcionarios, no tendríamos:

  • la poza incomprensible de legislación vacía que, para colmo, tenemos obligación de conocer y cumplir
  • los ríos revueltos para pescadores de subvenciones, chollos y contratos públicos
  • el lago del clientelismo que perpetúa en el poder a las oligarquías de siempre
  • los océanos de corrupción generalizada en los que se sumerge casi todo el que se pone “donde haiga”

Sigue pagando, que nosotros nos reímos a carcajadas.

Ah, y echamos la culpa al empedrado del incumplimiento del objetivo del déficit, mientras que sube la masa salarial del sector público como ni se sueña en el privado.

Gobierno de Extraña.

Nunca se sabe

playa

Encrucijadas que provocan preocupación e insomnio.

Te quejas de vicio -dijo Pepito Grillo al oído- porque otros no tenemos dónde elegir como tú. Mírame. Una leyenda. Un personaje de cuento, fundamental a los ojos de la historia de la civilización. Y aquí estoy, susurrando a tu conciencia como si no tuviera otra cosa que hacer.

Ya no vamos a dar más vueltas a la zona de confort, a la aventura, al riesgo o a lo mal que se pasa cuando no hay para pagar a la fila de oligarcas que se apostan a primeros de mes frente a tu cuenta corriente.

Está todo muy visto.

Hoy vamos a hablar de lo que realmente importa. El mar acunándote, el sol bañando tu piel, el viento meciendo lo que queda de tus cabellos. Y a tu lado ella, recordándote cada día que los milagros existen, y que algo has hecho bien en la otra vida porque ha llegado a tiempo de acompañarte en esta.

Resumen: Mar, sol, viento, ella. Maravillas que no te puedes perder.

Arreando, que pierdes el vuelo.

400

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Nos jugamos todo. Y lo perderemos si seguimos agarrados a una escala de valores en la que solamente figura la palabra dinero en cada peldaño. La CULTURA con mayúsculas no puede seguir arruinada y arrinconada porque estamos muy concentrados salvando bancos y cajas. Que cada palo aguante su vela. Nuestros retoños merecen un futuro mejor. Es nuestra obligación garantizarlo.

Y tampoco nos pasemos con lo del trauma. Los niños tienen que leer El Quijote. No van a morirse aunque quitemos de sus manos el teléfono ¿inteligente? por un rato. Pongamos un libro en su lugar. Cuatro veces al mes, por lo menos. Si hoy no leen, mañana serán manipulables, incultos, zafios y bodoques. Es nuestra obligación impedirlo.

Aquí está El Toboso, en su sitio. Y Dulcinea también, muy cierto. Pero no es la que dice don Mariano. Un poquito de rigor.