Técnicos y Mangantes

En el principio de los tiempos modernos, en la empresa española estaba el amo. También estaban los currantes o curritos, según tamaño, pero no se me diluya. Vayamos a lo importante.

El amo mandaba y los curritos obedecían. Sencillo y elegante. Duro, en ocasiones. Pero las reglas del juego eran asequibles incluso para cerebros poco evolucionados como el mío. Con instrucciones concisas y plazos razonables se consiguió el milagro. La actividad empresarial elevaba tímidamente el vuelo que nos sacaría de la ciénaga del feudalismo.

Después se torció la cosa. A la sombra del dinerito recién ganado, al amo se le subió a la cabeza la millonada y envió a los niños a estudiar al extranjero. De los mundos anglosajones vinieron, ya adolescentes, con ideas exóticas. Importaron el gusto por el término management, del que se deriva el manager, que en español quiere decir mangante o vago de siete suelas.

Se llenaron las empresas de managers, y con ellos vino la hecatombe. Más personajes de estos se hacinaban en los despachos cuanto mayor era la corporación. Hordas de ejecutivos trajeados, sin una misión concreta en la estructura empresarial. Hacer pasillo, poner a parir al de al lado y hacer la vida imposible al de abajo.

En el mismo avión de los mangantes llegaron decenas de términos acabados en “IA”. La auditoría, la consultoría y la reingeniería, entre otros muchos.

El contable fue sepultado por extraños términos foráneos. De las cuatro reglas y el cálculo de intereses por el método francés tuvo que pasar a codearse con el funnel, el forecast, el factoring y el confirming.

El vendedor, agobiado por el prospect, el marketing y el networking, fue convertido en un sales account executive, y su sueldecito se convirtió en un fijo más comisiones en función de objetivos comerciales. La antesala del despido.

El técnico fue declarado innecesario porque esto mismo nos lo hacen en la India a la mitad de precio. De calidades no hablamos, que hemos venido aquí a ganar dinero y no a hacerlo bien. No seamos teutónicos.

Pronto llegó el momento de la recogida. Los primeros escándalos: Filesa, Sofico, Matesa, Malesa, Time Export. A vender deprisa y corriendo el velero, el cochazo y la mansión playboy de vía estrecha. Algo nos darán por estas lujosas balaustradas. También hay que hacer un reajuste estratégico de la masa salarial. Es decir, poner de patitas en la calle a casi toda la plantilla. Pobre contable, pobre informático, pobre vendedor, pobre segurata.

Se salvan los managers, porque de ellos es la información privilegiada. Es lo bueno de tener la mente fría y la actividad bajo mínimos. Queda tiempo para cotillear entre los papeles del prójimo. Algún dato comprometedor que nos aleje del ruido de la necesidad estomacal.

Tras la marcha de los otrora currantes, hoy buscadores activos de un nuevo reto profesional, los mangantes presentan a los miembros del consejo el bisnes plan que salvará la empresa de la quema. En un pauapoint, claro.

Qué pena que no quede nadie con lo necesario para ejecutarlo. Ese plan o el contrario, qué más da.

[Nota: La foto no tiene nada que ver con el texto. Me estaba quedando dormido y puse lo primero que salió en google. Me disculpo si la señora se siente aludida. Nada más lejos de mi intención…]

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