Cosmos

Poco a poco se va cerrando el círculo. El final se acerca inexorable. Siempre ha sido así, y los esfuerzos por ocultarlo sirven de poco. Asirios, fenicios, cartagineses, griegos y romanos. Todos iban sobrados de arrogancia incluso en los últimos momentos del imperio de sus imperios. Todos acabaron como gotas de rocío evaporadas por el sol del nuevo día.

El comunismo y el capitalismo se terminan. No acertamos a identificar la síntesis que, supuestamente, resolverá la pugna Hegeliana entre la tesis y su antítesis. Seguimos -mejor dicho, siguen los que tienen pasta- tomando posiciones a largo para diversificar la cartera de inversiones. Papel que será mojado por las gotas -ver párrafo anterior- antes de que llegue el momento de cobrar los dividendos.

Amar, bailar, reír cada día como si fuera el último, sabiendo que esta sí que puede ser la jornada definitiva. Es preceptivo disfrutarla y hacer que quede redonda. Al fin y al cabo, nuestras “famosas últimas palabras” serán escuchadas por atónitos excursionistas siderales que buscan emociones en mundos exóticos.

Versos finales que pasarán a la historia. Se esperan frases grandilocuentes, principios inmutables, valores elevados, observaciones ingeniosas. En suma, discursos escritos con letras de oro. No hagamos una chapuza. Por una vez, y sin que sirva de precedente, rematemos la civilización occidental como merece.

El cosmos nos mira con mucha atención.

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