2016-08-18 y el signo de los tiempos

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Decimocuarto de asueto. Debatiéndonos entre encrucijadas de una sociedad enferma que no acaba de colapsar. “Ni se muere padre ni cenamos” –dijo el chaval, harto de la tensa espera en aquel sanatorio de provincias.

Si la tecnología avanza, mucha gente se queda sin medio de vida. Otros encuentran sustento en esa misma industria, pero no se sabe si son más o menos, y es casi seguro de que la mayoría de ellos son amarillos.

Hemos de enfrentarnos al hecho de que no hay trabajo para todos. Solamente unos pocos, los más especializados, resistirán el envite de la oleada de cambios que experimentamos.

Los camareros. Casi los únicos que no pueden ser reemplazados por un chino en china. Tienen que estar aquí, memorizar la comanda, contar chistes de borrachos y servir desde que amanece hasta las tantas de la madrugada con salero y brío. Aguantarán como los músicos del Titanic, hasta que la demanda interna se hunda por ausencia de ingresos. Los parados no van al bar. Beben el vodka barato del mercamona. Placentero final.

La renta básica ni se plantea. Se tendría que detraer de los beneficios del oligarca, que no está por la labor. Vuelve el subdesarrollo y nosotros mirando al dedo.

Ad astra per aspera. Que quiere decir: “Veremos las estrellas porque tendremos que volver a limpiarnos con papel del elefante”.

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