Soñar con un mundo

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Un planeta sin ricos ni pobres en el que toda la gente tenía lo suficiente y nadie se empeñaba en acaparar.

Un mundo en el que no la maté porque no era mía. No se estrelló porque ningún techo de cristal impedía levantar el vuelo. No se miró con autosuficiencia porque todos, todas, eran libres e iguales.

Un lugar en el que los méritos eran la única medida, la colaboración era la gran satisfacción y la competencia no llevaba de cabeza al gasto innecesario o a la estéril enemistad.

Una sociedad en la que triunfaba la verdad por encima del sensacionalismo. Nos comportábamos con dignidad en lugar de encogernos de hombros. Imperaba la ciencia sobre la superstición. Disfrutábamos de las bellas artes y no del famoseo vacío y facilón. Conocíamos la honestidad en lugar de la manipulación.

Un entorno sin suicidas, dispuestos a reventar el planeta con tal de seguir amasando fortunas fabulosas vendiendo sus venenos.

Un mapa sin refugiados porque no era necesario huir de los bombardeos. Por ausencia de fabricantes, traficantes, vendedores, compradores o escudos humanos.

Un mundo de ensueño.

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