Cuaderno de pensar (1)

Ya tenéis once años, la edad necesaria para empezar a entender. Qué pena que yo, como padre, no tengo -ni mucho menos- la claridad de ideas que permite explicar.

Pero tengo que intentarlo. No quiero pasar a vuestra historia como uno que no os contó, no os ayudó o no os puso en el camino adecuado.

Porque sí soy uno que os quiso. Eso lo tenéis claro. Creo.

Ya os estáis enfrentando con cosas de esas que hacen sufrir. El hambre. La enfermedad. La muerte. La injusticia. En unas ocasiones, desde lejos. Otras os pillan muy cerca.

Todas esas cosas que convierten en inhabitable un planeta que parece hermoso a vista de pájaro.

Pero os falta perspectiva.

Mi abuelo era carpintero. Los dos bandos -de una guerra entre hermanos- quisieron aprovechar sus habilidades. Pasó mucho tiempo escondido en una chimenea para no derramar la sangre de sus vecinos.

Mi abuela tuvo siete hijos. Dos de ellos murieron de enfermedades que hoy se curan sin problemas. La chimenea no se encendió en todo aquel invierno.

Mi bisabuelo fue a otra guerra y allí murió. Por una causa lejana, absurda, desconocida.

Mi bisabuela sufrió los rigores del machismo, como todas las gentes de su época y condición. Cuando seáis más mayores abundaré en este tema.

Vivieron en un mundo de esclavos y señores, en el que no se podía cuestionar al poder establecido sin sufrir horribles castigos.

Ya se encargaba la santa inquisición de mantener las mentes y los cuerpos bajo control.

Termino. Perdón por la historia de terror. Sólo os la he contado para que valoréis lo que hoy os parece natural. Pedís -y hasta exigís- determinadas cosas que eran “sólo para ricos” no hace tanto tiempo.

Nuestra historia milenaria está repleta de sumisión y temor. Sin embargo, breves destellos de libertad y justicia ciegan sus negruras ancestrales.

Imagina. La autoridad del poderoso, el oscurantismo y el trato despiadado al común de los mortales, entre paréntesis por momentos. A esto lo llamamos “clase media” con una ingenuidad que casi produce ternura.

Vivimos una época de abundancia y malgasto, de prosperidad y salud, de conquistas sociales. Páginas de gloria para el desarrollo de la sociedad.

Os puede parecer que hay poca libertad. Nada más falso. Comparados con el resto de la historia, estos momentos se parecen mucho a la tierra prometida.

Por ello, los que mueven los hilos quieren recortar, todo lo posible, los logros de nuestros mayores, los frutos del azar y los signos de los tiempos que corren.

Es tiempo de afirmación, pero también lo es de manipulación. A nada que se lo permita nuestra molicie, el mismo poderoso de antaño seguirá imponiendo su santa voluntad a los demás.

Solo puedo pedir que seáis mejores que nosotros y que no os dejéis quitar lo conseguido.

La maldad está en franca retirada.

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