Cuaderno de Pensar (2)

By Mauricio García Vega (Mauricio García Vega) [CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)], via Wikimedia Commons
By Mauricio García Vega (Mauricio García Vega) [CC BY-SA 3.0 (http://creativecommons.org/licenses/by-sa/3.0)%5D, via Wikimedia Commons
No tengo una receta eficaz para acallar vuestros terrores nocturnos.

Tenéis tela marinera cuando identificáis “el apocalipsis zombie” como el mayor de los peligros imaginables.

El final de todos los finales. Con ruido ensordecedor. Con perseguidores a los que se les caen las carnes y los miembros a medida que corren a contagiaros.

Pero dejemos de lado a los ultracuerpos, que son invención de la industria del entretenimiento, y pensemos un poco en el apocalipsis serio, que también es una invención, pero mucho más antigua.

Muchos identifican ese concepto con una revelación, que acaba con la creación de un reino divino en la tierra. La frase “el reino de Cristo será terrenal” es de Dionisio, el obispo de Alejandría en el siglo III, o sea, mucho antes de que naciera la abuela.

El cordero, que para los antiguos era alimento y símbolo a la vez. Les recordaba que una vez fueron tan pobres que ni siquiera tenían  un lugar en el que vivir.

Los siete sellos: el engaño, la guerra, el hambre, la enfermedad, la tribulación, las señales cósmicas, la ira y la misericordia de Dios.

Aquí la palabra “sello” tiene el sentido de una especie de marca. Se pone a los que han sido buenos, para que no se les castigue cuando vengan las siete trompetas a reventar a los malos.

Un dragón lucha con una mujer que da a luz un niño. También hay dos bestias, que vienen a echar una mano al dragón. Todo un abuso.

Menos mal que vienen los vencedores. El cordero dirige la batalla. Se reúnen los ejércitos en el Armagedón, que está bastante más lejos que Alcorcón.

Al final se reconstruye la ciudad, que quedó bastante dañada por tanta pelea.

Esto suena parecido a lo de los zombies, pero en versión antigua ¿no es cierto?

A mí todo esto me da un poco igual y a vosotros también, que os conozco. Lo importante, que al final es lo que queda, es que no tenéis nada que temer. La historia acaba bien y los virtuosos acaban con los indeseables.

Y si os sentís mal en medio de la noche, ya sabéis que os hacemos un hueco en la cama, a nuestro lado, sin ningún problema.

Receta para el terror no tenemos, pero amor y abrazos hay de sobra. Para alicatar cien cuartos de baño. Hasta el techo.

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