Cuaderno de Pensar (5)

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Hay una edad para hacer preguntas, y otra para darse cuenta de que no hay respuestas.

Me da un poco de miedo ser un fraude y no colmar vuestras expectativas.

Hoy ocupo un lugar excepcional en vuestras trayectorias vitales. Preguntáis cosas y os doy explicaciones. Por la expresión de vuestros rostros, a veces os convencen mis palabras.

Tiene truco. Yo pregunté tanto como vosotros o más. El abuelo, ese sí que sabía.

Respondía con sustancia y detalle. Y con mucho mérito porque no tenía, como yo hoy, una fuente inagotable de información al alcance del navegador.

Guardaba -como oro en paño- una enciclopedia que compró con muchísimo esfuerzo y la absoluta incomprensión de su entorno.

Un gran libro de fotos y paisajes que le regaló su maestro.

Unos álbumes de cromos con la naturaleza pintada a lapicero. Vida y color.

Finalmente me enseñaba con muchísimo cariño otra colección no menos impresionante. Seguía el periplo y la espera, cansinos por igual, de los héroes míticos de Ítaca en la Ilíada y la Odisea.

Entonces la sabiduría parecía un ente inmutable y eterno. Aquellos libros contenían el compendio definitivo del saber universal.

Puede sonar osado, pero era sencilla y entrañablemente ingenuo.

[Sin embargo, las élites vieron estos devaneos con mucha preocupación. Si la gente corriente se pregunta cosas, a lo peor un día nos cuestiona y nos quita el lugar privilegiado que ocupamos desde tiempos inmemoriales. 

Muy pronto vino el fútbol, los toros, los cotilleos, los concursos de la tele. Simplificaron la vida a casi todos. Pan y circenses de los tiempos modernos.

Solamente unos cuantos fueron -fuimos- capaces de apreciar la maldad de aquellos movimientos, destinados a quitar a las masas las ansias de saber.  

Pero esa historia es para otro día…]

Hoy sabemos que el universo cambia más en un minuto de lo que podemos abarcar en una vida. Ya podemos correr a toda mecha en pos de nuestro propio aprendizaje. La verdad no deja de alejarse.

Sueño con volar de manera recurrente. Sin alas, sin avión, flotando en el éter con mi uniforme blanco de astronauta.

Como si el desplazamiento por el aire fuese una propiedad intrínseca de mi cuerpo.

Llevando del brazo a un colegial asustado -con cartera y bocadillo- que no acaba de creer que se desplaza conmigo a mil pies de altura.

A lo mejor os simboliza, o puede que sea yo mismo en la niñez.

Los que interpretan sueños hablan de buenos augurios, de superación, de aprendizaje, de objetivos y de lucha para que se hagan realidad.

Quién sabe.

A fuerza de olvidar más deprisa de lo que aprendo, tal vez, pobre de mí, acabe teniendo una sola respuesta a todas y cada una de vuestras preguntas: Viajad. Conoced el mundo. Abrid la mente. Coleccionad vuestras propias vivencias.

No sé si esto colmará vuestras ansias de saber, pero estoy seguro de que veréis con otros ojos lo que hoy os parece una parte integrante del paisaje.

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