Final del túnel

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Supongamos que hay luz al final, y que podemos pagar el precio que ponen “los de siempre” al kilowatio hora.

Lo cual es mucho suponer.

¿De qué sirve caminar hacia la luz si vas solo? Se queda atrás la gente que quieres. Está completamente deslumbrada por culpa de las lucecitas de colores.

Los de siempre son muy hábiles. Explotan nuestras debilidades y se aprovechan de nuestros defectos. Somos caprichosos. Estamos dispuestos a darlo todo a cambio de casi nada.

Confundimos la libertad con el divertinaje.

Nos roban a manos llenas, y nosotros pensando en Cristiano. Que no le falte de nada. O que se lo lleven los demonios. Da igual lo que le deseemos. Sirve para que no falte polémica. Mientras que estemos pensando en las pelotas no nos acercaremos a los libros, al pensamiento crítico, al porqué de las cosas.

Cuatro listos abusan. Acabemos con esto. Ya.

No sea que lleguemos al final del túnel con las manos vacías y seamos demasiado viejos para pelear.

 

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