Ruido

Aquel viejo revolucionario había visto de todo. Desde la toma de la Moncloa hasta la conspiración de los oligarcas, que acabaron sus días en las rotondas, colgados de los patíbulos que ellos mismos encargaron.

Intento vano de conservar, a base de terror, el poder y las prerrogativas que lograron a lo largo de siglos de abuso.

En un rincón de aquel cubículo de meditación, un español medio en cuclillas aterrorizado por el silencio. Entró por el lado opuesto para no inquietar aún más a aquel pobre infeliz, enfermo de consumismo y manipulación.

Nada más verle se puso a mascullar frases sin sentido. “Soy español.” -repetía- “¿No lo entiendes? Chunda chunda chan chan…”

Perplejo, el guardia intentó en vano hacer que se explicase. Solamente pudo obtener más palabras inconexas. “El ruido es vida… Esto es España… El que quiera silencio que se largue a Noruega… allí con los pingüinos… Quiero mi tele… Gran hermano… Chan chan chunda chunda chompi chompi chomp chomp…”

Sacó de la funda su arma reglamentaria y ejecutó las instrucciones recibidas. Uno menos.

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