Lunes de lleno. Blanquecino y lluvioso, como corresponde a los tiempos que no son del todo invierno pero no llegan a primavera. El signo de la luna.
Martes de guerra. Lo blanco deja paso al rojo fuego. Luchas intestinas, ruido de espadas, olor a carne quemada. Solo se libran los valientes y los afortunados. La estirpe de Marte.
Miércoles de Almadén. Es el turno de los banqueros. Tintineo de monedas de plata y oro. Brillo de ojos codiciosos que cuentan ganancias. Quedan las cenizas. El azogue por todo botín para los paisanos.
Jueves de Ganímedes. Mundos prohibidos que Kubrick vislumbró mientras que la nao espacial bailaba valses con Strauss, padre. Odisea de simios violentos. Quedan los huesos esparcidos por el suelo.
Viernes de Dolores. Miran a La Meca en busca de atención, pero no pueden comprender. Cinco veces al día. Un mes cada noche. Cuervos que sacan los ojos al demonio. Nada se ilustra, por respeto al Señor.
Sábado de Torá. Negras vestimentas, mechones rizados, números implacables que dictan el futuro como si hubiera pasado. Nada humano es ajeno. Todo está en el libro, esperando la atenta lectura.
Domingo de Ramos. Lo mejor y lo peor se reúne en torno a la mesa de los potentados. Grandes ganancias para los mercaderes del templo. Menos mal que una legión de justos hará triunfar la verdad.
