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Florencia Aragón

Eso es así

Randy Pausch

Wear sunscreen

Gnome 3.0 mockup

Definición. Como ya hice saber por este mismo medio, se procede a la voladura controlada de este blog y se aplican las acciones correctoras pertinentes.

Taxonomía. Gracias por estos dos años de escribir chorradas de todo tipo y de observar las [casi siempre] divertidas reacciones de los lectores. Hay tres situaciones que quiero comentar:

1. Los que me conocen en persona saben que no siempre he escrito:

  • lo que pienso,
  • o lo que realmente ha ocurrido,
  • o lo que de verdad quería que suciediera.

2. Los que me han conocido por este medio creen que soy varón divorciado en busca de novia. Ya sé que las reacciones airadas se van a suceder ahora que me dispongo a contar la verdad:

  • Soy mujer,
  • Me llamo Carolina,
  • Soy bisexual,
  • Estoy casada con hombre permisivo y comprensivo,
  • Tengo tres hijas preciosas -en eso no mentí- y
  • Pretendo ganarme la vida en el futuro escribiendo.
  • Si puede ser, best sellers con gran éxito de crítica y público.

3. Los que no me conocen de nada, llegan por casualidad, leen [o no] silenciosamente y ejercitan su derecho a no conocerme más en profundidad, sepan que:

  • No soy tan tarado como parece a la vista de estas páginas.
  • Se lo prometo.

Epíglotis. En los atentísimos comentarios recibidos hay varias cosas de mucho valor:

  • No han de pagar justos por pecadores.
  • Ergo, efectivamente, invertiré mi tiempo en escribir algo serio.
  • No es justo que se beneficien los pecadores de la virtud de los justos.
  • Ergo, mi primer libro se gestará en un blog privado.
  • Remitiré puntualmente los detalles de acceso a quienes han tenido la atención de poner un comentario.
  • Ergo, todavía está usted a tiempo.

Cláusula anexa. Para que no se queden con el regustillo amargo que produce la intolerancia,

  • Este blog de largos [y a veces prepotentes] apuntes no muere del todo.
  • Se queda para hacer experimentos de microblogging.
  • Sin periodicidad fija,
  • Ni compromiso alguno de sinceridad o ajuste a la verdad.

Corolario. Y ya saben. Esto es ficción pura. No vayan a confundirlo con el mundo real.

Nos vemos en privado. O mejor, como digo Sabina, creo, “nos vemos en los bares”.

No comments

Experimento sociológico al canto.

Ya hace algún tiempo que elevé queja lastimera a la autoridad competente porque recibía la mayor parte de los comentarios en el correo electrónico, lejos del riesgo que conlleva la opinión pública. Mi respeto por la intimidad y mi gusto por la discreción mantienen a salvo todos esos mensajes.

“Comentad, malditos” -reclamé de manera vehemente.

Y algunos lo hacían. Aunque fuera en privado. Pero de un tiempo a esta parte ha desaparecido incluso la respuesta privada. La estadística del sitio dice que me leen. O mejor dicho, que mi página recibe impactos. Sigue batiendo records de audiencia -manda huevísimos- el post de las tetas gordas, y me pregunto cómo es posible que lo haya leído el equivalente a toda la población de una capital de provincia.

Así que voy a permitirme el atrevimiento. Supedito solemnemente la continuidad de mis escritos a sus opiniones, y esta vez no cuentan los mensajes privados. De este modo, pregunto:

¿Creen que debo seguir escribiendo en este blog?

La falta de respuesta se considera respuesta negativa. Y sepan que no es un ejercicio de narcisismo sino una necesidad vital. Me gusta sentirme acompañado, sobre todo ahora que hago menos vida social que la junta de la culata de un seiscientos que lleva diez años en el desgüace.

En pocas palabras. Hagan el gran honor de poner un puñadito de palabras de su cosecha a continuación de este escrito. Si no lo hacen al menos doscientas personas -media reciente de visitantes por día- entenderé que esto no interesa a nadie. Cosa que es lícita, puede ocurrir perfectamente y de ningún modo me llevará al suicidio.

Solo se producirá el cierre definitivo de este chiringuito, lo que, seamos sinceros, tampoco es para tanto.

En todo caso, pendientes de una despedida formal, les aseguro que ha sido un placer tenerles a mi lado y algunas veces de mi lado.

Gracias, ministra. Muchas gracias.

Verdades como puños

Geniales, como siempre. El dúo Corchopán se erige en acertadísimo analista de la idiosincrasia española. Emite su juicio inapelable.

A los españoles nos da por el saco que nos digan lo que tenemos que hacer. Ni el jefe, ni la muhé, ni la suegra, ni el mismísimo Profeta Mahoma que venga del desierto. Que no. Que ya me organizo yo solo sin que nadie me de instrucciones. Sigue una larga lista de ineptitudes atribuidas al que quiere interrumpir el plácido devenir de la vida con un inoportuno trabajito sin sentido.

Hace falta una mano izquierda como la de Shaquille O’Neal -es decir, mucho más grande que mi torax- para dar instrucciones a un españolito cualquiera.

Por esa razón, mis favoritos de Gomaespuma -solamente superados por mis idolatrados Luthiers, responsables de tantos y tantos dolores de mandíbula- se ponen a la tarea de promocionar la buena conducción a través del humor, en lugar de meter miedo como el hombre del saco.

Seamos claros. Han entendido perfectamente que aquí solo da ordenes Manolo Escobar, el macho alfa de la copla española. Y, si me apuran, hay que nombrar una hembra alfa para que mi querida Bibiana no se enfade y se haga justicia al papel preponderante de la mujer en la civilización occidental.

He preguntado en mi entorno cercano por un nombre adecuado y, con doña Lola de España trístemente desaparecida, se busca en la parte rosa de la vida a su sustituta. Entre Belén Esteban y Ana Obregón anda la cosa, al menos en mis inmediaciones. Otro dice que Falete. Por suerte, un alma caritativa me explicó naturaleza y propiedades de semejante indivíduo hace unos días.

En fin, que Gomaespuma se pone en clave de humor para conseguir que corramos menos, seamos más prudentes al volante y evitemos los vicios que tiñen de sangre nuestras carreteras.

Que así sea.

Amor y muerte en el cálido sur

Le conoció en una red social, refugio de toda suerte de corazones solitarios. Así es como se conoce a la gente en estos tiempos modernos.

Físicamente muy hermosa, químicamente también. Ningún atisbo de top modelismo, ese vicio por el cual mujeres corrientes con cuerpo más o menos bonito, esculpido a base de biomanán y renuncias, se creen comparables a las famosísimas de la pasarela solo por el hecho de comprarse unas gafas caras, unos vaqueros de moda y un cinturón de diseño.

Intelectualmente limitadita, pero consciente de sus limitaciones, supo ganarse su cariño y su confianza. Acertó a tratar con él sin aburrirle y sin exponer su flanco débil. Tal vez le enamoró a pesar de que, como buen desengañado de mediana edad, nadaba sin perder de vista su ropa.

Su físico privilegiado fue una incesante fuente de problemas en el pasado. Todos los babosos del ciberespacio lanzados en persecución de la rubita descarada. Por esa razón, esta vez jugó a ser lesbiana declarada enarbolando la bandera de la absoluta convicción homosexual. Esto también atrajo problemas, porque en estos tiempos modernos la otra acera se ha llenado de babosas persecutoras.

Mucho más joven que él, se vio, casi sin darse cuenta, lanzada al juego de la provocación incesante. El magnífico e inesperado control de las emociones que él exibía se erigía ante ella como un muro infranqueable. Pero esto no hacía que cundiera el desinterés, todo lo contrario. Cuanto más racionalizaba él la situación, más esfuerzo empeñaba ella en la provocación.

Tomó unos cuantos días libres y reunió unos cientos de euros. Se dirigió decidida a la estación del tren. Un rato después estaba allí parada, en la puerta de la estación de Santa Justa, esperando la llegada de su incrédulo interlocutor, que nunca creyó que aquella relación escapara del estricto plano virtual.

Horas más tarde, una inspectora de policía intentaba tranquilizarla. Amanecer al lado de un cadáver no es un trago agradable, pero tampoco es un evento imposible. Tanta pasión puso en el encuentro, tanto entusiasmo hubo en el momento amatorio, que el corazón de su maduro compañero de cama no pudo aguantar.

Sucumbió sin aspavientos, de manera silenciosa. Ella supo que ocurría algo raro al sentir tremendamente frio el cuerpo de su infortunado amante. Algo completamente anormal en la tórrida madrugada sevillana.

Nada pudo hacer el equipo de emergencias, salvo certificar el fallecimiento y dar alguna tranquilidad médica a la horrorizada muchacha. No hay enfermedades de ningún tipo. Salvo por el asunto cardiaco, estaba completamente sano. De hecho, ella había sentido muy de cerca su salud, en forma de cálido abrazo, durante las horas que duró el apasionado lance.

La muerte más dulce.

No quiso esperar al contacto con sus allegados. Demasiadas preguntas, demasiados asuntos poco claros. Apenas había concluido la pesquisa policial cuando, mediando información de contacto, pidió permiso a la inspectora para volver a su Barcelona natal.

Ignoró, absorta en sus pensamientos, los accesos de todos los sevillanos y foráneos que intentaron lo habitual en el viaje de vuelta. Trató, sin éxito, de deshacer el nudo de su estómago con un emparedado ferroviario. Tras un par de gintonics en la cafetería del tren, el cansancio hizo mella y se quedó medio dormida en el asiento.

Soñó que todo había sido un sueño. Lástima que el anuncio de la llegada a Zaragoza Delicias devolvió su maltrecho cuerpo a la cruda realidad. Trató, en vano, de arrinconar el recuerdo de los brazos, fuertes y acogedores, del gran amor de tan solo unas horas. Sintió tener mil años más sin haber envejecido un solo segundo.

La congoja y la falta de descanso depositaron profundas ojeras en su rostro. El único signo de la horrible experiencia. Bajó del tren, depositó la maleta en el suelo, extrajo el asa y recorrió a pie el camino a su casa desde la estación de Sants. Más o menos cuarenta minutos de un aire fresco y húmedo que hacía presagiar alguna suave llovizna.

Un recuerdo persistente, un abrazo que se negaba a terminar, un aroma indescriptible pero inconfundible. Una mezcla de sensaciones que consoló y a la vez desesperó durante meses a la otrora alegre muchachuela. Se había hecho mayor de repente, y se había quedado, en unas horas solamente, sin aquel que le dio a probar el dulce caliz de la plenitud.

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