Vividores por encima de

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Se ha repetido hasta la saciedad eso de que “hemos vivido por encima de nuestras posibilidades” en un zafio intento de explicar el infortunio que nos relega al furgón de cola de occidente.

Las razones de mi pequeñísima aportación a la aclaración del malentendido quedan en la intimidad, con permiso de ustedes. Pero la cuestión central es otra.

Trataré de explicar en pocas palabras a la señora Merkel (es una mujer ocupada y no puede dedicarme más que unos minutos) por qué su visión está alejada de la realidad periférica y por qué su receta no funciona en las cálidas tierras del sur de Europa.

En alemán, los vocablos “culpa” y “deuda” son sinónimos. En español, la palabra que más se parece a “deuda” es “picaresca”. Engañar al de al lado es hábito, uso social y acto tolerado por la función pública mientras que no afecte al engrase de sus propios engranajes. Por más que los inspectores de Hacienda prediquen en el desierto fiscal, siempre habrá un político parando su acción inquisidora por razones de distinta naturaleza.

Cuéntale a un teutón (o a una teutona, no quiero abusar del masculino genérico) que en España:

  • Decir mentirijillas en la declaración de la renta es prácticamente obligatorio. Está bien visto, se justifica con facilidad llamando vagos a unos y maleantes a otros, y crea un halo de admiración sobre la cabeza del que “se ahorra” unos miles a cuenta del Estado.
  • El acto de edificar incluye -salvo honrosas excepciones- la creación de una sociedad al empezar el proyecto y la quiebra de la misma al final de la obra para evitar las engorrosas reclamaciones por defecto de construcción, cuando no para cosas peores.
  • Tributar en virtud de porcentajes escandalosamente bajos es privilegio de la gran empresa. So pena de deslocalizar la producción, y contando con la pasividad del legislador, que si tuviera “un par” cerraría la frontera a los productos deslocalizados.
  • Alquilar una vivienda es caro, en comparación con la media europea. Además, un elevado porcentaje de la actividad económica (y, en consecuencia, del empleo cualificado) se concentra en unos pocos kilómetros cuadrados. Si existe vivienda barata de alquiler, es incompatible con la mayoría de las actividades profesionales. O sea, que compras o compras. O sea, que suben y suben los precios de los pisos durante décadas. O sea, que el empresario pone su fortuna en el ladrillo y cierra la fábrica.
  • Recuperar la economía por la vía que han diseñado los políticos en los últimos años es prácticamente imposible. Pagar salarios del tercer mundo y generar demanda interna como para crear empleo son la cabeza y la cola de una pescadilla que jamás llegará a morderse. Es de cajón de pino. De hecho, parece que el Samsung S4 no tiene el éxito esperado.
  • Finalmente, en la posición estelar del ranking del infortunio, aquí nos domina ese carácter latino que se resume en la famosa frase del “Ponme donde haiga”. Seguro que tenemos políticos que no están en la poltrona para enriquecerse, pero nadie los ha visto.

Entonces, ¿cuáles son las alternativas? preguntó la dama del norte con cara de preocupación:

  • Que todos paguen los impuestos que les corresponden: No creo que sea difícil encontrar entre los seis millones de parados un buen puñado de personas con suficientes conocimientos de contabilidad. Montar una inspección potente que haga imposible defraudar. Desmontar una legislación que permite a las grandes corporaciones mearse en nuestras caras. Esto acabaría con la crisis de ingresos que obliga al sector público a subir los impuestos. 
  • Impedir que los sectores tradicionalmente influyentes (los grandes constructores, las eléctricas, las petroleras, etc.) sigan dictando el guión a los políticos. Se vengarán cortando por lo sano sus jubilaciones doradas, pero algún precio hay que pagar para evitar la quiebra nacional.
  • Acabar con la obsesión por la propiedad inmobiliaria. Millones de viviendas vacías esperan moradores.
  • Acabar con el desequilibrio territorial. El que quiera seguir tributando poco, que se lleve la empresa a lugares poco poblados. A lo mejor conseguimos rentabilizar esos ferrocarriles y esos aeropuertos fantasma por esta vía.
  • Dejar de meter la mano en la caja común. En la imposibilidad de que esto ocurra voluntariamente, hay que separar el poder político de la gestión económica del sector público. Empecemos por tener un tribunal de cuentas dotado de los medios necesarios para que funcione.

Lo que sí puede tener claro la señora Merkel es que el método del “crimen y castigo” que tan bien funciona en el frío norte producirá un efecto limitado en el cálido sur. La identificación del ciudadano español con sus políticos es casi nula. Por la vía del castigo a la población no va a modificar un sólo milímetro el comportamiento futuro del defraudador, del especulador, del que se endeuda esperando una quita, del que se mete en política para enriquecerse y del rico que enriquece políticos para que protejan sus intereses. Sólo una férrea inspección puede corregir esos comportamientos por estas latitudes.

Hace rato que se ha marchado aburrida de mis cavilaciones. Lástima. No me ha dado tiempo a contarle que “no todos” hemos vivido por encima de nuestras posibilidades.

Para entrar en ese club era necesario acceso al crédito, y la mayoría de los españoles jamás lo hemos tenido. Eso que cuentan acerca de los préstamos por el 120% del valor de la vivienda es cierto, pero en un número limitado de casos. El resto de la deuda corresponde al sector público en mediana pero muy ruidosa proporción, y a la empresa privada en gran parte.

También tenía preparado el cuento de la lechera para contárselo, pero ya se lo sabe. Sólo hay que buscar “Die Geschichte der Molkerei” en Internet para disponer de un millón de referencias.

Con factura o en B

Money in hand

Podemos hacernos cruces con nuestro infortunio todo el tiempo que queramos. Podemos culpar a los banqueros, a los políticos, a los políticos metidos a banqueros o a los banqueros metidos a políticos. A los que mueven los hilos de ambos o a los que se dejan atar con hilillos, ya sean de nylon ™ o de plastilina. A la niña de Rajoy, doña Soraya, o a la de Rubalcaba, también doña Soraya. Casualidades de la vida.

Verdad que hay que encarcelar a todos los que han propiciado y ejecutado transvases de dinero público a cuentas numeradas en manos privadas. Y tirar la llave al mar.

Verdad también que los que más gritan hoy por lo público se inflaron -durante medio siglo, nada menos- a vivir como príncipes mientras que las espaldas de la empresa privada cargaban con su bienestar. Privada de todo privilegio, ya se sabe.

Pero eludimos siempre nuestra propia circunstancia. Cada alemán de a pie aísla socialmente al vecino defraudador. Aquí, muy al contrario, aplaudimos al campeón que consigue engañar a la Hacienda pública. Sin darnos cuenta de que caen sobre nuestras declaraciones de la renta todos los impuestos que él no paga.

O cambiamos nuestra forma de actuar o legitimamos el fraude. Yo a mi nivel, tú al tuyo, Urdangarín al suyo y don Alfredo Saenz al de todos.

España habrá cambiado el día que un colectivo completo de políticos renuncie voluntariamente a enriquecerse pudiendo hacerlo. A ver si llegamos a ese día con una estirpe de fontaneros que no conciba un trabajo sin su correspondiente factura. Así, los pobres asalariados, esos que no pueden distraer un sólo céntimo de sus ingresos, volverán a consumir poquito a poco.

Eso o la bancarrota. Nosotros elegimos.

 

Ojo con la ropa interior

Juancho tenía mucho éxito en su carrera, no tenía problemas económicos y era muy querido por sus amigos. Sin embargo, con el tiempo empezó a sufrir dolores de cabeza, ligeros al principio, pero que fueron aumentando de intensidad hasta llegar a ser insoportables. Cuando su salud, su trabajo y su vida amorosa empezaron a ser afectados por este problema, Juancho se decidió a consultar con un médico. El especialista lo examinó, realizó varios análisis, le tomó radiografías, muestras de sangre, de heces, de orina, y por fin le dijo:

-Le tengo una noticia buena y una mala. La buena es que puedo curarle sus dolores de cabeza. La mala es que para hacerlo tendré que
castrarlo. Usted sufre una rara condición en la que sus testículos oprimen la base de su columna vertebral, y eso es lo que le causa
dolores de cabeza. La única manera de remediarlo es eliminando sus testículos.

Juancho quedó anonadado y deprimido, pero sus jaquecas empeoraban día con día, y preso de la desesperación decidió someterse a la operación. Al salir del hospital, el dolor de cabeza había desaparecido por completo, pero se sentía abatido y desanimado, como si le faltara una parte de sí mismo (obviamente). Caminando por un parque, se puso a reflexionar, y decidió que, puesto que se sentía como una nueva persona, empezaría su vida de nuevo, disfrutándola a cada momento. Animado, pasó frente a una sastrería.

“Eso es lo que necesito” -se dijo a si mismo- “Para empezar: un traje nuevo”. Así que entró en la tienda y le dijo al vendedor que
necesitaba un traje nuevo. El vendedor lo observó por un momento y dijo:

-Muy bien, es talla 44.
-¡Exacto! ¿Cómo lo supo?
-Es mi trabajo – repuso el vendedor.

Juancho se probó el traje, y le quedó perfectamente. Mientras se observaba en el espejo, el vendedor le dijo:
- ¿Qué le parecería una camisa nueva?

Juancho lo pensó por un momento, y respondió:
- Claro ¿por qué no?
- Veamos, necesita una 34 de mangas y dieciséis de cuello.
- ¡Exacto! ¿Cómo lo supo?
- Es mi trabajo – repitió el vendedor.

Juancho se probó la camisa, que le quedó muy bien. Mientras se veía en el espejo, el vendedor le dijo:
-Le convendría tener también zapatos nuevos.

Juancho estaba cada vez más animado.
- Por supuesto – dijo. El vendedor echó un vistazo a los pies de Juancho.
- Deben ser de talla nueve y medio. Juancho estaba asombrado.
- ¡Exacto! ¿Cómo lo supo?
- Es mi trabajo- respondió el vendedor.

Mientras Juancho admiraba sus zapatos nuevos, el vendedor le preguntó:
- ¿Desearía también ropa interior nueva?

Juancho lo pensó por un segundo, pensó en la operación que acababa de sufrir, y dijo:
- De acuerdo.
- Muy bien, deben ser calzoncillo de talla treinta y seis.

Juancho se rió:
- No, amigo, se equivoca. He usado talla treinta y cuatro desde los dieciocho años.

El vendedor negó con la cabeza.
- No es posible que use treinta y cuatro. El calzoncillo sería demasiado apretado. ¡Le presionaría los testículos contra la base de la columna vertebral y le produciría un terrible dolor de cabeza!

Olvido imperdonable

olvido

No se me asusten, no estoy pensando en ESTE olvido. Ni mucho menos. La foto de portada solamente sirve para llamar su atención. Y ahora que está leyendo atentamente, procedo.

Este es, tristemente, el mundo de los olvidos de lo ajeno por causa de ocupación ineludible en lo propio. Lo que viene siendo que “como YO tengo muchas cosas que hacer, se joda el otro y cumpla con su parte y con la mía. Leñe, que estoy haciéndome las uñas y no puedo perder el tiempo en fruslerías como trabajar y eso”.

Observe que he hecho un uso perverso de la palabra AJENO. Si quiere aspirar dignamente al privilegio de formar parte de una pareja, ha de considerar PROPIO el estado de su media naranja. Y ella ha de actuar del mismo modo. No existe mío y suyo en relación alguna que valga la pena, sino que usted y su otra mitad forman un todo indivisible.

Acostúmbrese a gritar cuando a ella le duela, a trabajar cuando la encuentre sobreocupada y a acariciar cuando detecte que está necesitada de cariño. [Cambie femenino por masculino, querida hembra que lee estas palabras, a medida que se encuentre con ellas. Porque todo esto se aplica exactamente igual a la dama que encuentra a su amado en el lecho del dolor.]

Sea consciente de que cometerá un olvido imperdonable si relaja un momento la atención. Tener pareja es cosa muy seria, y no están los tiempos como para arriesgarse a que deje de estar enamorada de usted hasta las trancas.

Es el amor un enorme privilegio, un tesoro de valor incalculable y una bocanada de aire fresco que sus maltrechos pulmones, irritados por la alergia al puto plátano de sombra, no se permitirán abandonar a su suerte.

Es el amor la circunstancia más intensa de su vida. No deje que se escape o se convierta en rutina bajo ningún concepto.

 

División de opiniones

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Que si estás loco, que si haces muy bien. Que si es demasiado pronto, que si lo dejas puede ser demasiado tarde. Que si la gente cambia, que si vas así por la vida lo llevarás crudo. Que si tiene demasiados hijos, que si tiene demasiado pocos. Que si playa, que si montaña. Que si encima, que si debajo. Que si en el norte hace frío, que si en el sur calor. Que si en avión que si en AVE. Que si guardas la ropa no nadas, que si no te arriesgas no cruzas la mar. Que si el sexo es pecado, que si el pecado es no disfrutarlo con ella.

Y así se debaten todos entre la rima y la suerte, mientras que yo, a lo mío, sigo adelante sin pizca de duda. Al puñetero abismo si es menester. Porque no todos los días puedes hacer vuelo sin motor con la absoluta seguridad de que no te dejará caer.

Rebuild

“Una crónica desde la zona de confort”, que escribirían los psicólogos. Aunque también es la zona de la soledad, de la rutina, de los malos hábitos -si te descuidas- y del tiempo dilapidado miserablemente en busca de una quimera que nunca antes se convirtió en algo tangible y positivo.

Menos mal que, en un alarde de buena suerte, una criatura angelical pasó por Brooklyn y se ofreció a crear una deliciosa y desafiante atmósfera respirable a mi alrededor. Y de ese modo fue que me quité la escafandra y disfruté del delicioso aroma inconfundible de su piel.

El rey de las dudas y las cavilaciones no ha sufrido un solo instante de vacilación. Como saltar al vacío desde un caza que vuela a miles de pies de altura, teniendo la certeza absoluta de que todo irá bien en la caída libre. Volver a empaquetar las pertenencias. Abandonar la silenciosa comodidad a cambio de la más maravillosa -ruidosa- compañía que jamás imaginé.

Reconstruyendo viejos hábitos, en esta ocasión al lado de la persona adecuada. Las piezas encajan como un guante. Sólo nosotros sabemos los rodeos que dieron dos vidas para casi rozarse sin llegarse a encontrar. La de risas que nos hemos dedicado contabilizando las coincidencias, los paralelismos y las preferencias compartidas.

Cambiando, otra vez, para mejor.

[Y NO. Al final Beyoncé no viene. Tres son multitud...]

Salvadnos del soldado Ryan

Mucha gente ama la publicidad. No hay que ir muy lejos para encontrar integrantes de esta especie, en estas paginas escriben varios y varias. Ese amor por el mensaje publicitario ha de ponerles en guardia ante el atropello. Como el que perpetró Televisión Española la pasada madrugada.

Los que cometimos la estupidez de visionar la epopeya de Tom Hanks en busca de Matt Damon hicimos un tan angustiante como extenso recorrido por el panorama publicitario nacional. La televisión que pagamos entre todos nos obsequió con una exagerada cantidad de larguísimos bloques publicitarios, sobre todo en los minutos finales de la película.

Dirán los responsables del desmán, probablemente con razón, que existe una legislación vigente en la materia, y que su cumplimiento ha sido escrupuloso. Pero esto es solamente señal de que el legislador ha de ponerse en movimiento y modificar el código para impedir este comportamiento indecente.

El concepto ha mudado con el tiempo, pero la antigua acepción del término antianuncio viene como guante a la mano. Cada producto expuesto machaconamente goza de mi antipatía. Si tengo que comprar algo mi elección será, con toda seguridad, la competidora de la que he tenido que esquivar una y otra vez durante la constante interrupción de la película.

Sería buena idea sentarse ante el televisor con libreta y lapicero, anotando los nombres de los anunciantes cada vez que se detecte un abuso de éste calado. Sería buena idea, igualmente, crear una web con los nombres de los antiproductos para general conocimiento.

Animo a los lectores a ayudarme, porque la publicidad bien entendida empieza por el autocontrol de los que emiten. Si estos -cegados por el brillo del vil metal y atenazados por la presión de sus cuentas de resultados- no son capaces de ejercer control sobre sus propios contenidos, entonces hay que apelar al buen sentido de los propios anunciantes.

Dejando de comprar sus productos, si es preciso. Para que viva la publicidad. Para que ésta sociedad salga de la espiral en la que está metida.

La espiral del “todo vale”.

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7 COMENTARIOS

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Claro, lo que cansa y molesta es la publicidad sin calidad alguna con la que atormentan al sufrido televidente.Debería exigirse un mínimo de calidad artística a los anuncios, de esta forma el espectador no terminaría apagando el televisor o haciendo zapping para huir de la machaconería vulgar y agobiante de unos promotores que no piensan en que su negocio es hacer feliz al consumidor sino al contrario que los televidentes son una masa de borregos a los que hay que encarrilar por las buenas o por las malas para que suelten la pasta. ”

Nº 7 por Anónimo el 10/07/08 a las 05:00

De acuerdo con la entrada. Pero una cosa: el que un anuncio nos provoque rechazo y nos lleve a comprar a la marca contraria, ¿no es publicidad también? Al final nos está induciendo a comprar otro producto competidor… ”

Nº 6 por quiero_viajar el 09/07/08 a las 19:22

Yo hace algunos años que no veo una película en las cadenas abiertas. Tengo Digital + y así sé cuándo empieza y cuándo acaba la película, te hace un poco más libre, no tienes que aguantar el linchamiento visual de tanta publicidad. Hay un abuso generalizado por parte del gobierno con los impuestos, de las empresas de suministros, de los bancos con las exorbitantes comisiones, de los medios de comunicación con la publicidad, etc, Yo, dentro de lo posible, intento ser un poco más libre cada día y que no me manipulen tanto, pero desgraciadamente cuesta sudor y dinero. Aunque nos pese…. ”

Nº 5 por Anónimo el 09/07/08 a las 18:51

No suelo ver pelis que pongan las cadenas generalistas en la tele,porque tengo un gran problema ¡Me gusta el Cine!¡Amo el Cine! y lo que nos ofrecen es una parodia de alguan película….para ellos y para quien aguante en las condiciones en que se emiten esos restos de films. Por descontado me apunto a No comprar ningun producto que se anuncie,pero que hagan la página otros,ni para esa buena acción voy sufrir con las pelis. Atentamente. Charlie B ”

Nº 4 por Anónimo el 09/07/08 a las 18:27

Soy otro estúpido que se tragó la peli hasta las 2 de la mañana y se puso enfermo con los últimos cortes. por cierto, intento pensar en algún anuncio y…no me acuerdo de ninguno! de todas formas lo que propones me parece desacertado, la culpa no la tienen los anuncios sino TVE, la pública, la de todos, la del lugar único bla bla bla ”

Nº 3 por Anónimo el 09/07/08 a las 13:12

Yo hace años que no veo una película en la tele. Es insufrible. Desde que descubrí a mis amigos torrent y emule, que me prestan las películas, no tengo que soportar las interminables pausas publicitarias ni los infumables doblajes. ”

Nº 2 por george_best el 09/07/08 a las 13:11

mucha razon tienes. De hecho, cuando no te dicen lo tipivco de “volvemos en x segundos” yo ya me echo a temblar… ”

Nº 1 por enrique_ortiz el 09/07/08 a las 12:58

[Publicado originalmente en soitu.es el 9-JUN-2008]