
Es una de las sensaciones más apasionantes que puede experimentar el ser humano.
La razón es sencilla. Nos acerca -como pocas cosas- a la naturaleza animal que intenta abrirse paso hacia la superficie desde lo más profundo de nuestro interior. Intercambiar la primera mirada con alguien y sentir que deseas fundirte con esa persona en un abrazo infinito. Creer con firmeza que no vas a poder pasarte ni un minuto más separado de ella. Afirmar rotundamente que cada pliegue de su piel será motivo permanente de deleite.
Y luego, acercarte y darte cuenta de que ha sentido exactamente lo mismo. Y que lo ha sentido por ti, y no por alguien que está a unos metros, justo a tu espalda. Y vencer los convencionalismos que se alzan como una muralla entre tu cuerpo y el suyo. Y tener suerte, porque puede estar en una situación personal absolutamente incompatible con la relación que deseas intensamente. Demasiadas felices circunstancias. Complicado, pero no del todo imposible.
Lamentablemente, a la primera vista tiene que suceder la segunda. Todas las sensaciones de carácter primario que deslumbraron nuestros sentidos en el primer minuto se topan con la complicada estructura de la sociedad de los humanos. Ésta fue inventada a lo largo de los siglos para la represión de las inclinaciones animales. Solamente el más estúpido de los vertebrados superiores está afectado por el euribor, la ley del divorcio, la pensión alimenticia y el impuesto sobre la renta de las personas físicas.
Así que, además de tu instinto animal, tienes que aportar un montón de capacidad de “sacrificio, disciplina, compromiso, aguante y mano izquierda” si quieres que la relación supere el plano primario y se convierta en algo viable, siempre en el contexto de la sociedad de los estúpidos seres humanos occidentales. Con qué facilidad se sube un animal encima de otro, olvidándolo al momento siguiente. Qué complejidad protagoniza las relaciones estables del homo sapiens moderno.
Sin embargo, la web 2.0 brinda una oportunidad para recorrer el camino de una manera diferente. Asumiendo que haces un uso honesto de ella, lo que, para ser realistas, es mucho asumir. Gracias a las redes sociales, los blogs y demás zarandajas, tienes la oportunidad de experimentar el amor a vista cero, antes de que se produzca la situación de proximidad que lleva al amor a primera vista.
Me explico. A través de la Internet puedes saber si la persona candidata tiene las cualidades personales que buscas mucho antes de que su aspecto te condicione física y/o químicamente. Después puede repugnarte el envoltorio de esa persona que es interiormente bella, pero entonces tienes un problema al margen de la relación.
Puede que seas un/a indeseable que solamente quiere tirarse tios/as buenos/as. O puede que seas una persona honesta que anda buscando la belleza por mero placer estético.
En ambos casos deberías mostrar tus cartas antes de provocar el dolor ajeno. Para que conste, yo sigo en mis trece, buscando el amor verdadero, sin dar mucha importancia a -aunque valorando y agradeciendo en su justa medida- ese tan llevado y traído cuidado del aspecto.
Que lo sepas.
[Olvido imperdonable que subsano por la presente: Citar la procedencia de la foto, el blog de Marieta (marietalamarmota.blogspot.com) quien, por cierto, no tiene nada que ver con el tema del apunte. Por si acaso, que hay muchos malpensantes y malpensantas leyendo por aquí...]
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